Alegría y simulacros

Los argentinos estamos lejos de constituir un pueblo alegre, como el Brasil, por ejemplo. En las ciudades grandes, sobre todo, se percibe una tristeza cada vez mayor, debido también a la afligente situación socioeconómica y a las pocas perspectivas de que las cosas puedan cambiar en un horizonte cercano.
“¿Y la alegría dónde está? ¿Por qué tanta existencia opaca y gris inunda la vida de todos los días? ¿Por qué tantos simulacros de felicidad que bastaría con rasgar su superficie para encontrarnos con lo opuesto? Con cuántos remiendos intentamos cubrir ese anhelo tan íntimo y tan humano de vivir la alegría. Nadie escapa del trabajoso dolor de vivir, pero no son muchos los que experimentan la genuina vibración de lo alegre. A lo largo de la historia y en todas las épocas, cada cultura ha sabido moldear sus propias pautas, normas y valores; pero lo que se valora, no necesariamente coincide con lo más valioso. Nunca faltarán los espejitos de colores cuyos falsos reflejos nos encandilen, nos enceguezcan y hasta nos confunda”.
Lo decía una bien pensada nota editorial de la revista “Criterio” (n. 2183) titulada precisamente “¿Dónde está la alegría?”. Sigo transcribiendo lo que se ve más adelante:
“La verdadera alegría es un don que anida en nosotros desde que nacemos. Los niños nos transmiten con increíble transparencia este precioso don.
Muchos creen, erróneamente, que ser alegres es un privilegio de pocos, atribuyéndolo a una cuestión de carácter o de temperamento. Sin embargo, la alegría es una potencialidad que todo ser humano trae consigo. Y suele ser uno de los signos más visibles de la salud psíquica: a pesar de las pequeñas-grandes tragedias que la vida nos presenta, es persistir en nuestra irreductible capacidad de estar vivos e íntegros”.
La editorial de esta siempre recomendable revista concluye:
“La humildad y la franqueza de reconocernos tal como somos; la necesidad de compartir con los otros, la libertad de ser y de amar, constituyen ese humus del cual puede brotar una flor tan rara en estos tiempos que se llama alegría”.
Que ella pueda florecer también hoy en nuestra vida.

 

¡Hasta mañana!

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