Amistad sincera

Es común decir que hay amigos que son como los taxis: es difícil encontrarlos cuando el tiempo se pone feo. Y más todavía en los tiempos tormentosos. Se parecen también a los pájaros: mientras disponemos de miguitas, están con nosotros, pero apenas se termina, desaparecen de la vista.
En los pájaros está bien. En quienes se dicen amigos, no. Porque hay que distinguir entre los que son amigos y los que sólo aparentan serlo.
El tema es viejísimo. Ya Confucio advertía sobre amistades verdaderas y falsas. “Hay tres amistades que son de ventaja y tres que son de detrimento: la amistad con los sinceros, la amistad con los constantes y la amistad con los expertor, que son todas amistades favorables; la amistad con los falsos, la amistad con los aduladores y la amistad con los charlatanes son amistades dañinas”.
A su vez, a Esquilo debemos esta advertencia: “El tiempo es lo que prueba lo que son y lo que valen los amigos”. En el decir de Quinto Ennio, “el amigo seguro se conoce en el momento inseguro”.
“Amigo, no estás solo” es una breve poesía de José María Camarero. Dice:
“Amigo, no estás solo, / puedes contar conmigo en lo bueno y en lo malo, / en la vida y en la muerte, / en la risa y en el llanto, / en el día y en la noche, / en la hartura y en el hambre, / en la calle y en la cárcel.
Amigo, no estás solo, / mi ser te pertenece, / puedes cubrir con él tus desnudeces, / puedes colmar en él toda tu sed, / puedes secar en él todas tus lágrimas, / en él encontrarás tu hogar perdido, / y sanarás en él tu enfermedad, / mi ser te hará triunfar del miedo y la vergüenza / de encontrarte sin nada ante la muerte, / mi ser será tu fiel y tu riqueza en el resucitar. / Amigo, no estás solo, ya tienes mi amistad”.
Para el final, un dicho popular: “El amigo se conserva en tres cosas: honrándolo cuando está presente; elogiándolo cuando se halla ausente; ayudándolo cuando está indigente”.
¿Demasiado simple? Tal vez. Pero hacerlo, no es poco. Probemos.

 

¡Hasta mañana!