Cuando “la campaña” se mete en la escuela

Un hecho muy particular y preocupante fue denunciado esta semana por la senadora provincial Mariana Caroglio. Según la legisladora radical, durante la semana previa a las PASO de agosto, la directora, algunos docentes y hasta alumnos del jardín maternal SEOS “Rosario Vera Peñaloza”, del departamento de San Carlos, doblaban y ensobraban boletas partidarias que serían utilizadas en aquel acto eleccionario. Conocida la denuncia -que además fue acompañada de pruebas fotográficas y de un pedido de informes a la Dirección General de Escuelas- los sindicados como autores de esa conducta aseguraron que la actividad se realizaba fuera del horario escolar y que los padres de los alumnos habían sido anoticiados de la misma.
Caroglio aseguró que “se cae de maduro” que la situación estuvo coordinada por militantes de la agrupación Unidad Ciudadana, que “lamentablemente esto es más común de lo que nosotros advertimos”, y que “los rehenes son los chicos, pero también los padres, porque los ayudan con comida o con dinero”.
Días atrás, en este mismo espacio, considerábamos que nuestro país ha desarrollado un lamentable catálogo de malas artes a la hora de llevar adelante la política partidaria, fundamentalmente en épocas de campañas electorales.
El diccionario de la Real Academia Española define la palabra “proselitismo” como “celo de ganar prosélitos”, es decir, esmero o interés en “ganar partidarios para una facción, parcialidad o doctrina”.
En tiempos en que chicos de 16 años tienen la posibilidad de participar en actos eleccionarios, la escuela tiene la tarea y hasta la obligación de favorecer ese compromiso ciudadano. Sin embargo, eso no significa que se transforme en un centro de militancia partidaria, sea ésta del color que sea.
Las escuelas deben ser ámbitos donde lo que se busque sea lograr la formación integral de nuestras futuras generaciones. Esto incluye el objetivo de que esos alumnos se inserten a la sociedad como ciudadanos en un marco de libertad y convivencia democrática, pero sin presiones ni intenciones aviesas.

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