El “brujo Manuel” y la argentinidad al palo

La tan festejada como angustiosa clasificación del seleccionado nacional de fútbol a la Copa del Mundo a disputarse el año que viene en Rusia, no estuvo exenta de situaciones que pintan nuestra realidad más allá de lo meramente deportivo.
Así, están aquellos que hasta hace apenas algunas horas vociferaban a voz en cuello la inutilidad de los integrantes del combinado nacional y que ahora celebran alborozados la posibilidad de disputar y, por qué no, ganar la competencia ecuménica.
También por estas horas pululan los fanáticos de Lionel Messi, muchos de los cuales hasta hace bien poco lo tildaban de “pecho frío”, de no “sentir la camiseta” porque no cantaba el himno o de que “en la selección no juega igual que en el Barcelona porque allá le pagan”. Claro, el palmario desarrollo de los hechos acaecidos el martes en el estadio Atahualpa de Quito dejó en evidencia que aquellos que critican el rendimiento futbolístico del rosarino deberán guardarse sus ataques para alguna otra ocasión y, silenciosamente, disfrutar de uno de los mejores exponentes que hoy tiene el planeta fútbol.
Para explicar este fenómeno ambivalente debemos reparar en el consuetudinario carácter cambiante que muchas veces tenemos los argentinos en nuestras opiniones y en cómo no dudamos en argumentar fanáticamente, aunque más de una vez las contradicciones sean evidentes hasta la vergüenza.
Por otra parte, el mismo martes un presunto hecho sobrenatural fue presentado como fundamental para la clasificación del equipo de Sampaoli: la presencia del “brujo Manuel”, un hombre relacionado con actividades esotéricas que -con su presencia en Quito- habría ayudado al plantel argentino a ganar en esas tierras siempre complicadas para los visitantes.
No fue Messi y sus tres goles, no fue la debilidad de un Ecuador con mayoría de suplentes y ya eliminado de antemano, no fue la combinación de resultados. Fue el brujo Manuel quien nos depositó en Rusia. A partir de ahora, además del ya célebre “Dios es argentino”, quizás debamos agradecer igualmente que este chamán también lo sea.

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