El cultivo de soja tiende a extenderse en el departamento

|
|
|

El año pasado se realizaron las primeras siembras por impulso de la firma Nidera, y el objetivo es continuar desarrollando la actividad.

La experiencia sanrafaelina en el distrito de Las Malvinas brinda la posibilidad de que la iniciativa continúe en otros puntos de la provincia.

La llegada del cultivo de soja a San Rafael ha despertado diferentes consideraciones. Hay expectativas por la incorporación de un producto vedette del comercio mundial, pero también hay preocupación frente al pasivo ambiental y la poca mano de obra que emplea.

Es necesario señalar, en este punto, que la economía regional, como otras tantas en el país, es de una riqueza y diversidad mucho más interesante que lo que podría proponer un mapa sojero. Tanto la vitivinicultura como la horticultura, la fruticultura y el resto de las actividades económicas que nos rodean –agregando también al turismo– significan una cultura, un modo de trabajar y entender la tierra. Son artífices del oasis que es la provincia, exclusivo fruto de estas actividades. El abandono de las economías regionales, la falta de políticas fuertes de promoción y desarrollo, generan en los productores la necesidad de recurrir a estos experimentos buscando alternativas frente a la desprotección que en algunos casos sufren.

Las primeras plantaciones locales de soja datan de 2013, en campos de la familia Orfila en la zona de Las Malvinas, impulsadas por la semillera Nidera, líder nacional en la materia y creadora de lo que se ha llamado “supersoja”. Las parcelas elegidas para los primeros experimentos antes estuvieron ocupadas por viñedos y, de utilizarse ese criterio, se puede afirmar sin temor a equivocarse que, en cuanto a empleo de mano de obra, el saldo es negativo.

El proceso de “sojización” del que tanto se habla ha expandido, de mano de la aplicación intensiva de tecnología genética, la frontera de la agricultura, desplazando primero a la ganadería a zonas marginales y reduciendo enormemente los stocks. Pero nuestra región tiene una gran cantidad de tierras inactivas, y no es un detalle menor debatir si se desarrollan esas tierras para producir el “yuyito” o si reemplaza cultivos tradicionales e históricos de Mendoza.

El INTA no se opone al cultivo de soja en San Rafael, aunque tampoco lo fomenta. Por los próximos 6 años, no está encuadrada en las áreas de trabajo, aunque el ingeniero agrónomo Guillermo Guida, coordinador provincial del programa Pro-Huerta, ha declarado: “Nos ponemos a disposición de la empresa para acompañarla para el mejor término posible y poder juntos, el día de mañana, tener un aval técnico y científico como para ayudar al productor que desee incursionar en la soja a tomar una decisión acertada”.

 

QUÉ ES UN TRANSGÉNICO

Cuando se habla de transgénicos o supersoja, se disparan fantasías que en algunos casos atemorizan. En realidad, el procedimiento significa modificar un gen en la semilla para que ésta resista la pulverización de ciertos agroquímicos. Al fumigarse, la soja resiste, mientras el resto de las malezas son erradicadas. El pasivo ambiental de este procedimiento –verificado en la llamada “zona núcleo” de la pampa húmeda– es la extinción también de fauna autóctona y el deterioro del suelo por pérdida de nutrientes y minerales.