El tiempo se nos acaba

En nuestra época hace falta otra energía más auténticamente humana. Los males no comenzaron ayer, los hemos dejado pasar, y el tiempo de los tormentos nos empieza a atormentar. Ya no sirven los pregones encaminados a las buenas acciones, hace falta coraje y acción para derribar los muros de la mentira, de la hipocresía permanente sostenida por la desfachatez de gente más preocupada por el dominio que por servir, por acumular riqueza para sí y los suyos en vez de trabajar por la justicia social.

Con la rectitud es como se pueden liberar los pueblos y proteger la defensa de los derechos humanos. Es por ello que urge despojarse de toda estafa moral que nos circunda, para reafirmarnos en respuestas auténticamente humanitarias, con fondo responsable y forma real: de fraternizar, acoger y amparar.

Todos merecemos ser socorridos y dignificados bajo esa cultura del reencuentro, tantas veces tergiversada en encontronazos, que nos envicia hacia crueldades verdaderamente inhumanas, hasta el extremo de perder el sentimiento más noble de lo honesto. Ojalá cultivásemos más y mejor lo que en su tiempo nos injertó el filosofo y ensayista español, José Ortega y Gasset (1883-1955): “Con la moral corregimos los errores de nuestros instintos, y con el amor los errores de nuestra moral”. Dicho lo cual, cuando desaparece de la humanidad ese sentido decoroso de las cosas, todo va hacia la derrumbe. De ahí, la perentoria obligación de todo ciudadano del mundo de hacer humanidad, con el innato raciocinio del juicio de la conciencia, sabiendo que no es permisible sembrar maldades para lograr bondades.

Víctor Corcoba Herrero