Hasta 1 de cada 3 personas experimentan un nuevo dolor o lo empeoran con el yoga

Muchas personas prueban el yoga con la esperanza de curar una lesión, pero algunas acaban con más dolores, según un estudio reciente.
El estudio, que encuestó a cientos de personas que hicieron yoga durante más de un año, encontró que dos terceras partes dijeron que algunos dolores existentes mejoraron gracias al yoga. Lo más frecuente es que fueran el lumbago y el dolor de cuello.
Por otra parte, el 21 por ciento dijeron que el yoga empeoró su dolor muscular o de las articulaciones. Y casi el 11 por ciento dijeron que provocó nuevos problemas; los más habituales fueron el dolor de mano, muñeca, codo u hombro.
El estudio no examinó las lesiones concretas, sino que preguntó a las personas sobre sus dolores en general en distintas partes del cuerpo.
Así que es difícil saber qué tan grave eran los problemas, dijo Tom Swain, investigador del Centro de Ciencias de las Lesiones de la Universidad de Alabama en Birmingham.
“No es necesario tener una lesión grave para sentir dolor. Podrían ser solo dolores musculares”, dijo Swain, que no participó en el estudio.
En un estudio publicado el año pasado, Swain y sus colaboradores observaron las lesiones graves relacionadas con el yoga. Encontraron que entre 2001 y 2014, casi 30,000 estadounidenses acabaron en la sala de emergencias por lesiones atribuidas al yoga, incluyendo torceduras en las articulaciones, distensiones musculares graves e incluso fracturas.
Y la tasa aumentó a lo largo de los años, encontró el estudio.
Aun así, dado lo popular que es el yoga, el riesgo de terminar en emergencias es bastante bajo, dijeron los investigadores. En 2014, la tasa de lesiones tratadas en emergencias fue de 17 por cada 100,000 practicantes de yoga.
Los investigadores del estudio, dirigidos por Marc Campo, del Colegio Mercy, en Dobbs Ferry, Nueva York, reportaron sus hallazgos en la revista Journal of Bodywork & Movement Therapies.
Para realizar el estudio, los investigadores encuestaron a 354 personas, en su mayoría mujeres, que practicaban en dos estudios de yoga. Las clases variaban entre yoga suave, “restaurativo”, y el estilo Vinyasa con un ritmo rápido.
Cada participante del estudio hizo la encuesta dos veces, con un año de diferencia.
Casi todos (el 87 por ciento) dijeron que habían sufrido un dolor en al menos una parte de su cuerpo durante ese año. Aproximadamente dos terceras partes dijeron que habían mejorado gracias al yoga, mientras que una quinta parte creían que el yoga había empeorado alguno de sus dolores, con frecuencia el de la muñeca o la mano.
Por otra parte, casi el 11 por ciento dijeron que habían desarrollado una nueva lesión que atribuyeron al yoga.
Su consejo para los que empiecen a hacer yoga es encontrar un profesor experimentado y con conocimientos, por medio del boca a boca, o de reseñas, por ejemplo.
Al principio empiece poco a poco, aconsejó, y pida al profesor que modifique las posturas en las que no se sienta bien.

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