Las opiniones son menos importantes que las desgracias

Los argentinos vivimos inmersos en polémicas. En el marco de ese fenómeno, algunas veces constructivo y muchas veces improductivo, la impartición de educación sexual en las escuelas ha desatado una honda controversia.
En este mismo espacio ya hemos comentado la obligatoriedad que impone la ley nacional 26.150 a la hora de llevar adelante acciones educativas sistemáticas para el cumplimiento del Programa Nacional de Educación Sexual Integral (ESI). Pero además de esa obligación, la ley establece que todos los educandos “tienen derecho” a recibir esa educación. Aclarado ésto, el problema estaría en quiénes y cómo impartirían esas clases, ya que al parecer se teme que en lugar de instruir a los chicos algunos intenten “formarlos”.
Más allá del aspecto formal y legal, varias voces se han alzado en contra no solo de la educación sexual como una materia sistemática dentro de los espacios curriculares, sino también contra cualquier tipo de acción que aborde estos temas en los establecimientos educativos.
El último lunes, la Dirección General de Escuelas dispuso la realización de jornadas donde, en el marco de la ESI, se abordaría la violencia de género por ser ése el “Día Provincial de la Construcción Colectiva de Conciencia Ciudadana”, al cumplirse cinco años de la desaparición de la adolescente Johana Chacón en Lavalle.
Ante ello, el vocero del Obispado de San Rafael, José Antonio Álvarez, estimó que ese tipo de actividades “envenena” a los chicos y su único objetivo es “colonizarlos ideológicamente”.
Desde la DGE respondieron duramente. Miguel Conocente, a cargo de la Dirección de Orientación y Apoyo Interdisciplinario a las Trayectorias Escolares, dijo no entender el planteo del sacerdote y consideró que la visión de Álvarez “es una mirada del siglo XIII. Ellos entienden que la biología determina la sexualidad y no es así”.
En un tema con tantas aristas el análisis se torna complejo. Sin embargo, difícil parece poder ir lógicamente en contra de brindar mayor información en un tema que incluye tópicos tan preocupantes como las enfermedades de transmisión sexual o los abusos sexuales a menores, donde las opiniones sectoriales parecen ser menos importantes que las tragedias que vivimos a diario.

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