Liderazgo

En la vida se dan situaciones curiosas. Ha personas que sienten el llamado del liderazgo, pero nadie las sigue. Hay otras, en cambio, que ni piensan en sentirse líderes, pero la gente va tras ellas espontáneamente. Ahí está la diferencia entre los líderes natos y los que “hacen” de líderes. En el decir de Tao-te Ching, “el buen liderazgo consiste en hacer menos y ser más”.
En “Un nuevo regalo excepcional”, de Roger Patrón Luján, encontré una página que me gustaría compartir:
“Maneja un grupo honesto y abierto. Tu trabajo es el facilitar e iluminar lo que está aconteciendo.
Interfiere tan poco como sea posible. La interferencia, aun brillante, crea una dependencia en el líder.
Cuanto menos reglas, mejor. Las reglas reducen la libertad y la responsabilidad. El imponer reglas es coercitivo y manipulativo, lo que disminuye la espontaneidad y absorbe la energía del grupo.
El líder sabio establece un clima claro y total en la sala de reuniones. Bajo la luz de la conciencia, el grupo actúa naturalmente y de una manera completa.
Cuando el líder practica el silencio, el grupo permanece atento.
Cuando el líder no impone reglas, el grupo descubre su propio bien.
Cuando el líder actúa sin egoísmo, el grupo simplemente hace lo que debe hacerse”.
Son pequeñas reglas, concretas, a las que podrían sumarse algunas más. Por ejemplo: el verdadero líder es el que se hace tiempo para saber escuchar. La actitud de escucha es fundamental para que el liderazgo no se transforme en una de las variadas formas de mesianismo. El líder con pretensiones mesiánicas cree saberlo todo: conocer la realidad, descifrar sus tendencias, corregir su rumbo, señalar horizontes…
En definitiva, el mejor líder es el que menos necesita intervenir. Cuando lo hace es para que los demás puedan participar mejor.

¡Hasta mañana!