Resultados electorales y confianza ciudadana

Finalmente, el martes se dio a conocer el resultado definitivo de las PASO de la provincia de Buenos Aires, un guarismo esperado por el mundillo político partidario nacional por el solo hecho de que en la categoría de senadores nacionales participaba la ex presidente Cristina Fernández de Kirchner.
Los números dados a conocer esta semana evidenciaron una mínima ventaja de la ex mandataria por sobre el candidato de Cambiemos, Esteban Bullrich, de 0,21% de los sufragios, esto es que Fernández obtuvo 3.229.194 de votos (33,95%), mientras que el exministro de Educación cosechó 3.208.870 adhesiones (33,74%).
El tema planteado arroja un par de circunstancias para la observación y el análisis. En primer término, de uno y otro sector político involucrado realizaron una evaluación de lo sucedido -obviamente con visiones interesadas- donde los partidarios de la ex presidente destacaron ampliamente “la victoria” de su líder, mientras que desde Cambiemos el punto central del análisis del acto eleccionario pasó por dejar en claro que “Cristina ganó por mucho menos de lo que ella y las encuestas esperaban”. Llamativo resulta que el término “victoria” califique una performance dentro de una elección como las Primarias, donde lo que en definitiva se busca es definir los candidatos que pugnarán efectivamente por las bancas en octubre.
Más allá de esa circunstancia, que al electorado le importa bastante menos que a los militantes (de uno y otro sector), una situación no deja de llamar la atención: los votantes debieron esperar más de dos semanas para conocer fehacientemente el resultado de esa elección, más aun cuando se pregona un cambio sustancial con el gobierno anterior.
En los tiempos actuales, dominados por la inmediatez y la efectividad informática, esa demora llevó –incluso al analista que intenta ser objetivo- a trazar diversas hipótesis y, en algunos casos, a generar suspicacias respecto a la utilización que se hace de esos datos.
La democracia depende, fundamentalmente, de la confianza que la misma genera en el pueblo. Caso contrario, cada acto eleccionario comenzará a ser observado con sospecha y los eventuales ganadores a perder legitimidad.

 

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