Santiago Maldonado: el caso de las mil preguntas

¿Dónde está Santiago Maldonado? ¿Se perdió, se fue, lo secuestraron? ¿Se puede probar que estuvo en el lugar del hecho? ¿Lo detuvo la Gendarmería? ¿Lo mataron o aún está vivo? ¿Santiago Maldonado reclamaba por lo que consideraba era un pedido legítimo de los pueblo originarios de nuestro país o era parte de un movimiento que tiene en la protesta social su modo de vida? ¿No se puede reclamar en nuestro país? ¿Hacer valer el derecho constitucional de peticionar ante las autoridades será tomado siempre por esas autoridades como una actitud desestabilizadora? ¿Los que peticionan o, por qué no decirlo, los que protestan, tienen la necesidad de llevar adelante hechos de violencia contra personas o dañosos para con bienes públicos o privados como única forma de evidenciar su descontento? ¿Romper todo es parte del reclamo? ¿No lo deslegitima? ¿No es violencia contra violencia?
¿Estamos condenados los argentinos a que cada situación polémica nos lleve a la sinrazón del fanatismo? ¿No es posible que un hecho doloroso como lo es la desaparición de una persona nos aúne en lo más importante, que es saber qué pasó con ella? ¿Cada hecho de trascendencia pública donde se pone en duda la actuación del gobierno nos llevará a reparar en “lo mal que hacen las cosas los que están” y, del otro lado, en el “esto también pasaba cuando estaban los que ya se fueron”?
¿En un país que pretende ser serio, cómo se explica que a más de un mes de la desaparición de Santiago Maldonado no haya una información oficial concreta al respecto? ¿Se está investigando o no se sabe qué pasó? ¿Es una maniobra de la oposición para complicar al Gobierno nacional o es una muestra de la impericia de ese gobierno de resolver una situación como la planteada? ¿Hablar de desaparición forzada de persona, con el Estado actuando como un facilitador de esta situación, es justo o es una exageración con un fin político? ¿Por qué no sucedió lo mismo en desapariciones anteriores como la de Jorge Julio López en 2006? ¿Podemos los argentinos y nuestras instituciones resolver hechos como éste? ¿O siempre necesitaremos pedir ayuda foránea para echar luz a nuestras oscuridades?
¿Hasta cuándo seguiremos preguntándonos todo esto?

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