Un país en repechaje

La tribuna está que arde. El bajo rendimiento de la selección nacional de fútbol en las eliminatorias sudamericanas del Mundial de Rusia 2018 -con la posibilidad cierta de tener que jugar un repechaje o, incluso, quedar eliminada de antemano- ha generado una ola de críticas para con el combinado nacional.
En el marco de una sociedad que tiene, en general, al fútbol como un aspecto central de sus preocupaciones, la pobre performance del conjunto que hoy conduce Jorge Sampaoli pero que antes tuvo en ese puesto a Edgardo Bauza y antes a Gerardo Martino (sí, tres entrenadores en 16 partidos) deparó vilipendios varios para jugadores actuales y pasados, cuerpos técnicos de ahora y de antes y dirigentes de hoy y siempre.
“Uno juega como vive” dice un axioma futbolero, y podría tener en este fenómeno actual un punto de confirmación. Los argentinos hemos desarrollado, en el fútbol y en otros ámbitos de actuación, la idea de que somos los mejores del mundo. Claro, muchas veces la realidad nos impone un baño de humildad que, sin embargo, cada vez que obtenemos una victoria olvidamos rápidamente.
En este mismo sentido, muchas veces soslayamos los méritos que poseemos. Ante cualquier traspié, por mínimo que sea, todo lo hecho anteriormente o el proceso que se viene desarrollando pasa a no servir para nada. Somos así, ejemplos palmarios del péndulo opinante y del fanatismo.
En lo que no reparamos muchas veces es en las causas que nos llevan a los resultados que obtenemos. Solemos apelar al talento y hasta a la “viveza criolla” por ante el trabajo y la responsabilidad. Y lo peor es que a veces logramos lo que buscamos con esa estrategia. Pero esos son “triunfos” efímeros.
La Copa del Mundo en tierras rusas está a la vuelta de la esquina. Es probable que la selección argentina esté allí. O no.
Quizás un comienzo para desalojar de nuestras almas esas angustias, futboleras y de las otras, sea pensar y diseñar una modalidad de trabajo y comprometernos seriamente con la causa. Si lo hacemos, los buenos resultados, en el fútbol y en nuestra vida como país, llegarán por decantación.

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