Vacaciones

De vez en cuando, salga y tome un descanso, porque así, cuando vuelva a trabajar, su juicio será más certero. Si trabaja constantemente perderá la objetividad. Aléjese un poco, para que el trabajo parezca menos y pueda abarcarlo de una ojeada; entonces apreciará mejor si le falta armonía o proporción. Este buen consejo pertenece a alguien que se caracterizó por una intensa actividad a lo largo de toda su vida, y abarcando campos tan disímiles como la pintura y los diseños de rudimentarios aviones. ¿Su nombre? Leonardo da Vinci. Obviamente, la sugerencia del gran maestro tiene que ver con la producción artística, pero encierra un valor universal.
Si para trabajar mejor debemos tomarnos ratos de descanso, las vacaciones aparecen como una necesidad vital por todo lo trabajado durante el año. No por nada las legislaciones laborales de casi todo el mundo incluyen las vacaciones como parte del contrato de trabajo.
Lamentablemente, no todos pueden darse “el lujo” de tomarse algunos días de descanso en las playas, las montañas o en otros lugares placenteros. La situación económica arrincona a muchísimas familias en las paredes de su casa. Sin embargo, aun quienes no puedan salir a veranear fuera de la ciudad o pueblo donde viven, no deben dejar de buscar lugares -dentro de la localidad o en sus alrededores- donde pasar momentos de relax, disfrutando de buenas lecturas, deportes, paseos y todo aquello que pueda contribuir a superar el estrés que provoca el agitado mundo del trabajo.
La clave es siempre descansar. Y esto significa aflojar tensiones, evitar temas conflictivos, entablar conversaciones plácidas, divertirse sanamente.
Por supuesto, las vacaciones pueden ser también una hermosa oportunidad de mejorar nuestras relaciones con Dios. Tal vez durante el año no las hemos cultivado como debiéramos. ¿Por qué no aprovechar el tiempo disponible para frecuentar las iglesias, meditar un poco más, hacer un sereno examen de conciencia de lo vivido durante el año y planificar el año por delante?
Como creyentes -aunque suene paradójico- lo peor que podemos hacer en vacaciones en mandarlo a Dios de paseo…

 

¡Hasta mañana!

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