24 de Marzo con la memoria como estandarte

Para quienes evaluamos y valoramos los hechos que constituyen la historia de nuestro país, el 24 de marzo no es ni debe ser un día más. El Día de la Memoria por la Verdad y la Justicia es una campana que repica para recordarnos cómo una nación puede verse sumida en la sinrazón del totalitarismo y debería servirnos, además, para valorar la democracia que tanto nos costó conseguir.
Un día como hoy, hace 49 años, se ponía en marcha la más cruenta (y esperemos última) dictadura cívico-militar que observa nuestra historia nacional. Durante ese período, Argentina transitó por los escabrosos terrenos de la falta de libertad y la carencia de regulación constitucional, con todo lo negativo que eso conlleva.
La salida de ese oscuro periodo presentó para nosotros, los argentinos, la posibilidad de recorrer hasta hoy el periodo democrático más extenso desde que, allá por 1912, la llamada “Ley Sáenz Peña” inauguró (con las particularidades de la época) la idea republicana en nuestro país.
La experiencia fue de las más dolorosas que recuerde la patria. Rememorar ese capítulo trágico debe unirnos en el homenaje a las víctimas, y en la profunda convicción de que, para evitar que el pasado se repita, es necesario comprometernos con la defensa de todo aquello que perdimos durante el terrorismo de Estado: la paz, la libertad y la justicia.
Los últimos años deparan, también hay que decirlo, un peligroso retorno a las visiones totalitarias y negacionistas por parte de nuestros más altos dirigentes, los mismos que impulsan un programa económico liberal peligrosamente parecido al del tristemente célebre José Alfredo Martínez de Hoz.
La de hoy debe ser una jornada para la reflexión, para -quizás como nunca en esta etapa democrática- ejercer la memoria que impone el día, teniendo en cuenta las similitudes con aquellos días de los ‘70 y ejerciendo la experiencia, sobre todo para no repetir errores, desgracias e infamias.