En los últimos días se viralizaron videos en redes sociales donde se advierte a varios jóvenes trenzados a golpes fuera de locales de diversión nocturna. El denominador común, en todos los casos, sigue siendo la ingesta excesiva de alcohol u otras sustancias, que terminan potenciando las diferencias entre los contendientes, muchas veces reducidas a mínimos sucesos que dan lugar a verdaderas batallas campales.
Recientemente se conocieron imágenes de una feroz pelea a la salida de un boliche céntrico en San Rafael y otro multitudinario enfrentamiento fuera de una cervecería en General Alvear, donde varios jóvenes participan de una reyerta que incluye piñas, patadas voladoras y lanzamiento de piedras o cualquier otro objeto contundente que sirva para dañar la integridad física “de sus rivales”.
Está claro que este tipo de sucesos suceden de hace mucho tiempo pero hoy filmar con un celular y compartir las imágenes en redes sociales está al alcance de la mayoría de quienes asisten a un local nocturno. Y de esa forma todos los fines de semana conocemos de un nuevo pleito, aquí, en otra zona de Mendoza o cualquier lugar del país.
A las violentas peleas se suman los conductores alcoholizados, quienes no reparan en tomar el mando de un vehículo a pesar de haber consumido alcohol, con todas las consecuencias negativas que eso puede conllevar. De hecho, el fin de semana un joven al mando de un Volkswagen Passat chocó su auto contra el cierre perimetral del Polideportivo Nº 1, provocando severos destrozos. Conducía con 2,1 de alcohol en sangre. En Moreno, provincia de Buenos Aires, otro muchacho a bordo de su Audi, embistió y mató a una ciclista que realizaba ejercicios físicos. El hombre manejaba con casi 3 gramos de alcohol en sangre. Y la lista podría continuar.
En este difícil escenario, surge que existe un estrecho vínculo entre la diversión nocturna y el excesivo consumo de alcohol. Para la mayoría de los jóvenes que asisten a un boliche, no es posible o factible “pasarla bien” sin embriagarse, lo cual resulta un verdadero problema y genera – a la postre – acontecimientos de extrema violencia, incidentes de tránsito protagonizados por conductores alcoholizados, entre otras graves consecuencias.







