En nuestro país hoy es el Día del Periodista. Y a 212 años de la aparición de “La Gazeta de Buenos Ayres”, el primer periódico de la etapa independentista nacional y órgano de difusión de las ideas de la Primera Junta de Gobierno, nuestra profesión atraviesa un periodo de crisis y desafíos.
El descreimiento que en los últimos años ha evidenciado la sociedad respecto a la clase dirigente parece haber alcanzado ahora también a los comunicadores. Según sostienen los estudiosos del fenómeno, los -demasiadas veces- interesados mensajes que emiten los medios de comunicación y los periodistas son observados hoy con desconfianza por el público.
Quienes desarrollamos esta actividad nos vemos inmersos en un juego donde las polarizaciones están a la orden del día y esas disputas llevan a una enorme dispersión entre los hechos y lo que se cuenta de ellos, de acuerdo a las conveniencias -de todo tipo- que los grupos de poder imponen.
En ese marco, aquellos que queremos hacer nuestro trabajo respetando los parámetros más profesionales de la labor periodística, muchas veces resultamos invisibilizados. Y también se vuelve invisible buena parte de la realidad.
Uno de los desafíos que tenemos como medios y trabajadores de la comunicación social es retornar firmemente a la honestidad cuando abordamos la información y ser transparentes para que –en nuestro caso- el lector pueda conocer desde dónde se dice lo que se dice. “Cuando se descubrió que la información era un negocio, la verdad dejó de ser importante” afirmó el poeta, periodista y ensayista polaco, Ryszard Kapuściński. Hoy, el “negocio” es no solo económico sino, sobre todo, político; y frente a ello, la responsabilidad de los comunicadores es central.
Ética, calidad, formación y responsabilidad social son valores inescindibles de nuestra labor. Son la sustancia por la que se puede ejercer una libertad de expresión basada en el respeto a quien nos da sentido como periodistas: el público.
Las presiones son muchas, pero no son excusa para abandonar la pelea. Si asumimos esos desafíos, entonces sí podremos decir que cumplimos efectivamente nuestra tarea.





