El Pronóstico de Escurrimientos de los ríos presentado por el Departamento General de Irrigación (DGI) preveía un año bajo en materia de recurso hídrico. Al día de hoy esas previsiones, que marcaban alrededor de un 70% de un año medio, se encuentran un poco por debajo de lo que se había planteado.
Los escurrimientos de los ríos de Mendoza se encuentran en el orden del 63% de un año medio. El único que ha mejorado los pronósticos de Irrigación fue el río Atuel, mientras que el resto se encuentra por debajo de la cota estimada por el DGI.
En este sentido, el Atuel se convirtió en el único río mendocino en el que los derrames reales han sido superiores a los pronosticados, debido a que los meses de primavera fueron abundantes, aunque se mantiene por debajo de la marca de los 20 metros cúbicos por segundo.
En materia de diques, hay una acumulación mayor a años anteriores. Las reservas del Valle Grande y El Nihuil habían llegado a valores mínimos en los últimos 3 años, por debajo de los 150 hectómetros cúbicos, y este año se logró subir hasta por encima de los 175.
Esto se debió al aprovechamiento de mayores caudales, pero también a un uso muy ajustado del agua, que permitió eficientizar la distribución del recurso entre los regantes.
En lo que respecta al Diamante, su panorama es menos alentador, pues sus caudales, en esta temporada, son los más bajos en relación a su valor normal (57%), aunque la diferencia respecto de los pronosticados es solo del 7%, por lo que su comportamiento general está dentro de lo esperado.
En lo que respecta al agua acumulada en los diques Los Reyunos y Agua del Toro, los números son idénticos a los del año pasado, y se mantienen como los peores de la década. En los últimos 5 años se ha utilizado más agua de la disponible en cada temporada, lo que ha implicado tener cada vez menos reservas disponibles.







