Cristian Del Pozzi, presidente interino de la Asociación de Ciruela para Industria, reflexionó sobre los desafíos actuales y las perspectivas de la industria en medio de una temporada de cosecha marcada por la incertidumbre climática y los problemas estructurales. “Todavía queda tiempo de cosecha, calculamos que en general esta semana y la próxima ya se estaría terminando, si Dios quiere”, comienza explicando Cristian Del Pozzi, presidente interino de la Asociación de Ciruela para la Industria a Diario San Rafael y FM Vos 94.5. Asimismo pidió “que no llueva, que reciente escuchaba que estaban pronosticando una posible tormenta, ojalá que no llueva, que vuelva el calor para la ciruela, para la uva y para el tomate y para todo lo que queda. En definitiva el pronóstico está indicando todos los días de esta semana y hasta el lunes o muertes que vienen máximas de 30, 31 ó 32 grados, pero convengamos que las mañanas ya son diferentes, como esta que estamos viviendo ahora”. La preocupación por las condiciones climáticas es evidente. El rocío, que antes era una bendición para los cultivos, ahora se convierte en un obstáculo. “Sí, el rocío ya nos empieza a jugar en contra. Bueno, en el caso de la ciruela cuando se va cayendo, ya tiene su ciclo de maduración y bueno cae, le cae el rocío arriba, venimos atrasados con la cosecha y eso va deteriorando la piel.” Pero los desafíos van más allá del clima. Del Pozzi reveló las dificultades estructurales que enfrenta la industria, destacando el cierre de numerosos secaderos en los últimos años. “Esto implica que está faltando capacidad de secado”. Hace unos meses, un censo realizado por el Instituto de Desarrollo Rural (IDR) provincial reveló cifras preocupantes: “Resultó un número de 8.000 hectáreas productivas de 18.000 que llegamos a tener en el 2016-17, que tuvimos buenos años por condiciones internacionales, otros países no cosecharon y bueno, y había demanda mundial antes de la crisis del 2018”. El pronóstico de cosecha inicialmente prometedor se vio afectado por la tormenta y la incidencia de la mancha roja, lo que redujo la estimación de producción a 100 millones de kilos. “Creo que ahí fue una falla de no haber tenido una previsibilidad de esto”, lamentó. La falta de coordinación entre el sector público y privado también es una preocupación. Del Pozzi señaló la necesidad de una estrategia más sólida para enfrentar los desafíos presentes. “Yo creo que ahí faltó estrategia por el lado del gobierno, quizás también una responsabilidad un poco también los privados la tenemos, de por ahí no haber presionado para que haber llegado a no estar en esta situación”. En un contexto de competencia global, donde Argentina se enfrenta directamente a países como Chile en los mercados internacionales, la capacidad de adaptación y cooperación se vuelve fundamental. “Nosotros tendríamos que haber aprovechado bien este año, a que no se perdiera, a que valiera”, afirmó el directivo.







