En pleno corazón de Pueblo Diamante, la histórica Biblioteca Francisco Peñasco cumple 98 años, reafirmando su rol como epicentro cultural y educativo para la comunidad sanrafaelina. Con más de 50.000 libros en su acervo y una rica historia de voluntariado, esta institución avanza hacia su centenario enfrentando desafíos económicos y humanos.
La biblioteca Francisco Peñasco, fundada el 26 de noviembre de 1926, nació del esfuerzo conjunto de más de 25 vecinos visionarios. Alejandro Peñasco, presidente de la institución, destacó la trascendencia de aquella iniciativa: “Un grupo de personas del barrio, entre ellos Francisco Peñasco, Jiménez Gil, Berín, Perdigués y Pretel, decidieron crear un espacio que ofreciera acceso a la cultura en un momento donde no existían estas oportunidades”, contó a Diario San Rafael y FM Vos 94.5. Aquella visión transformó lo que inicialmente fue un centro cultural en un faro educativo que sigue iluminando al departamento casi un siglo después.
“Ellos no solo fundaron la biblioteca, sino que también dieron origen al primer centro de educación para adultos de la ciudad”, recordó Peñasco. Durante más de dos décadas, en sus instalaciones se impartieron clases de alfabetización a los obreros del barrio, antes de que esa labor fuera oficializada con la creación del Centro Teniente Primero Ibáñez. “Eran personas comunes, no todos eran docentes, pero dedicaron su tiempo a enseñar las primeras letras a los vecinos. Eso habla de un compromiso inmenso con la comunidad”, enfatizó.
Actualmente, la biblioteca cuenta con más de 25.000 ejemplares catalogados digitalmente a través del programa de la Comisión Nacional Protectora de Bibliotecas Populares (CONABIP). Sin embargo, según Peñasco, hay otros 25.000 libros que aún no han sido inventariados debido a la falta de personal. “Tenemos alrededor de 50.000 a 60.000 libros, pero muchos están en depósito. Es una pena porque no sabemos exactamente qué tenemos. Es un trabajo lento que hacemos entre voluntarios”, explicó.
Las donaciones de libros son constantes, lo que evidencia el vínculo entre la biblioteca y la comunidad. “Los vecinos siempre colaboran con ejemplares, pero nuestro mayor desafío es el espacio. Necesitamos terminar la planta alta para organizar todo el material”, afirmó Peñasco, al tiempo que subrayó la importancia de modernizar el acceso al acervo: “Con un inventario completo y digitalizado, sería mucho más fácil consultar lo que tenemos y dónde encontrarlo”.
A pesar de su valioso aporte cultural, la biblioteca enfrenta serios desafíos financieros. “Nos sostenemos con la cuota de los socios, pero de los 400 que tenemos registrados, solo unos 50 pagan regularmente. Esto no alcanza ni para cubrir el costo de la luz”, señaló Peñasco. El subsidio anual de la CONABIP, que suele aliviar las cargas económicas, aún no ha sido recibido este año. “Estamos a fines de noviembre y todavía no hemos recibido ese aporte. Fue un año muy difícil, pero con los ahorros logramos subsistir. Ahora estamos tocando fondo”, admitió.
El trabajo voluntario es el motor que mantiene viva a esta institución casi centenaria. “Aquí todo se hace con esfuerzo y dedicación. Somos un equipo pequeño, pero comprometido. Lamentablemente, la falta de manos y de recursos limita lo que podemos hacer”, comentó Peñasco, haciendo un llamado a la comunidad para involucrarse más activamente.
De cara al futuro, la biblioteca aspira a fortalecer su papel como espacio cultural y educativo. “Queremos ampliar nuestras instalaciones, terminar de inventariar los libros y, sobre todo, seguir siendo un lugar donde las personas encuentren acceso a la cultura y al conocimiento”, afirmó Peñasco.
Con su aniversario número 100 a la vista, la Biblioteca Francisco Peñasco continúa siendo un símbolo del compromiso colectivo y de la importancia de la educación y la cultura en San Rafael. “Invitamos a todos los amantes de la lectura y de la cultura a visitarnos. Este es un lugar para todos”, concluyó su presidente.







