El comportamiento de los precios en el rubro de alimentos y bebidas en noviembre ha generado expectativa debido a su impacto en la inflación general. Según dijo a Diario San Rafael y FM Vos 94.5 Rubén David -gerente del mayorista Oscar David- “el índice de precios en este sector ha estado por debajo del índice general desde mayo, pero la presión de las tarifas sigue siendo un factor clave”. David estima que el aumento mensual en el rubro rondará el 2,7 por ciento, similar al mes anterior, impulsado principalmente por los ajustes tarifarios.
Uno de los temas más preocupantes es el efecto de los combustibles y la energía en los costos de transporte. David señaló que “todo el rubro de energía, combustible y transporte se ha ajustado por encima de la inflación de alimentos”, lo que representa un problema estructural. Este fenómeno, junto con la creciente carga impositiva, deja al sector en una posición complicada frente a sus pares internacionales.
El gerente destacó la llegada de productos importados como un desafío adicional. “Estamos viendo panificados de Brasil que llegan con un precio hasta un 30 por ciento menor al de los productos argentinos”, afirmó. Esto, según David, evidencia la falta de competitividad de la industria local debido a factores como los altos impuestos y las tarifas. “Si no reducimos los impuestos y no logramos acuerdos de libre comercio que permitan a las empresas locales adquirir insumos al precio internacional, será muy difícil competir”, subrayó.
David también hizo hincapié en la incidencia del Impuesto País y en cómo afecta los costos de importación y la competitividad local. “Cuando un producto importado paga menos impuestos, su precio final baja. Pero en Argentina seguimos teniendo una carga impositiva altísima que encarece todo, desde la producción hasta la comercialización”, explicó. En este sentido, destacó que en otros países de la región, como Chile, los acuerdos de libre comercio permiten importar productos con tasas significativamente menores, lo que mejora su competitividad en el mercado global.
En el contexto de la competencia internacional, recordó ejemplos como los duraznos griegos que, en el pasado, se ofrecían a precios más bajos que los locales debido a subsidios y costos de producción reducidos. “Aquí, el productor argentino es competitivo hasta que sumamos los impuestos y los costos laborales, que incluyen cargas extrasalariales del 60 por ciento del sueldo. En Grecia, además de los subsidios, los productores acceden a tasas de interés bajas para modernizarse, lo que aquí es prácticamente imposible”, detalló.
Otro aspecto crucial mencionado por David es el impacto de la incertidumbre económica en la formación de precios. “A medida que la economía se estabilice y haya más claridad a largo plazo, se podrá eliminar del precio final toda la especulación. Pero mientras persista la falta de previsibilidad, los costos seguirán inflados por factores externos”, comentó.
El mayorista también reflexionó sobre las estrategias que históricamente se han utilizado en Argentina para enfrentar estas dificultades. “Siempre hemos solucionado los problemas económicos devaluando, emitiendo dinero o pidiendo préstamos. Pero estas medidas no atacan las causas de fondo, como la carga impositiva o la falta de modernización de las industrias”, criticó.
En cuanto a los productos en los que Argentina sigue siendo menos competitiva, mencionó que el problema radica en los costos asociados. “Cuando eliminamos el costo argentino de un producto, somos competitivos. Pero al sumar impuestos, tarifas y costos laborales, quedamos fuera del mercado”, indicó. Además, resaltó que la ausencia de políticas de fomento para la exportación y acuerdos internacionales limita el crecimiento del sector.
David concluyó con una mirada crítica hacia el futuro de la industria local. “Si no logramos reducir los costos estructurales y generar condiciones para competir en igualdad con otros países, muchas industrias no van a poder sostenerse. El tiempo apremia, y es fundamental implementar cambios profundos”, finalizó.







