El doctor Pablo Alonso es un abogado sanrafaelino de 35 años, que decidió dedicarse al Derecho Internacional, y que con mucho esfuerzo y dedicación llegó a ocupar un puesto dentro de la Cancillería de la Nación. Al respecto dialogó en forma exclusiva con Diario San Rafael.
Mientras iba a la secundaria en un colegio sanrafaelino, Pablo Alonso ingresó a los modelos de las Naciones Unidas y empezó a interesarse en el ámbito diplomático. “Empecé a entender un poco lo que eran las relaciones internacionales, de qué trataban, cómo se gobernaba, cómo se daban las relaciones entre los países, cómo se trabajaba ante las crisis internacionales, etcétera, y así conocer un poco el Derecho Internacional, lo tratados que me llevaron a estudiar Derecho, pero siempre con el objetivo de ser diplomático”, recordó este joven que, tras recibirse de abogado en la Universidad Nacional de Cuyo, hizo un máster en Derecho Internacional en Chile y en Alemania, y después de trabajar como abogado en el área de litigios y arbitrajes internacionales, pudo prepararse para el ingreso y convertirme en diplomático.
Según el escalafón, el doctor Alonso es actualmente Secretario de Embajada y Cónsul de tercera clase, diplomático del Servicio Exterior de la Nación. Trabaja en la Dirección General de Consejería Legal del Ministerio de Relaciones Exteriores, Comercio Internacional y Culto.
El organismo en el que presta servicios es una asesoría letrada dentro de la Cancillería, en todos los ámbitos donde se toca algún tema relacionado al Derecho Internacional Público, tanto en lo que hace a la actividad de la Cancillería en sí, como de otros ministerios. “Analizamos de todo: desde tratados internacionales, declaraciones que pueda hacer algún funcionario en nombre de Argentina, contratos, en todos los actos de los ministerios o de la Cancillería donde esté relativo el Derecho Internacional Público”.

Cabe decir que él es el segundo diplomático sanrafaelino en la historia de la Diplomacia. El primero fue el Dr. Jorge Lidio Viñuela (actualmente jubilado). Para convertirse en diplomático en Argentina, es necesario atravesar una carrera profesional, con un concurso de ingreso público y anónimo, que posee una etapa que implica un examen eliminatorio de aptitud psicológica; a partir de allí se deben rendir ocho exámenes de materias como Historia de las Relaciones Económicas y Políticas Internacionales, Historia Argentina, Teoría Política Economía, Derecho Internacional Público, Derecho Constitucional, Cultura General y Ensayos de Actualidad Política y Económica Internacional. Todo se rinde en una semana y se establece un orden de mérito, pasando a un coloquio de aptitud diplomática con embajadores donde se obtiene un puntaje determinado, ingresando finalmente una cantidad establecida según el cupo fijado previamente por el Poder Ejecutivo Nacional. “En mi caso fuimos 30, pero eso va variando año a año”, resaltó el sanrafaelino.
En el mes de marzo sería el acto de jura en la Casa Rosada ante el presidente Javier Milei, aunque la fecha exacta depende de la agenda presidencial.
Amor por Vendimia
Aunque alejado de su departamento natal por su trabajo, Pablo no olvida sus raíces y es un fiel seguidor de la Vendimia sanrafaelina. Desde muy joven disfruta de la Fiesta mayor de Mendoza y de hecho, estuvo presente el sábado pasado en “Esencia”. “Estuve en San Rafael, primero porque soy sanrafaelino. Me pareció excelente, fue una apuesta que sin dejar de lado la tradición, tuvo cuadros y escenas muy modernas, con música moderna y con un despliegue de artistas enorme, con tecnología. Me encantó. Voy a la Fiesta Nacional y ojalá San Rafael tenga suerte este año”, subrayó.
“Es un interés que traigo desde toda la vida, desde chico me encanta la Vendimia. Siento es que es una fiesta que nos representa como mendocinos, que trasluce lo que es nuestra identidad, nuestra cultura, nuestras costumbres, además de que reivindica y pone en su lugar al productor y al cosechador, al que trabaja la tierra y que se levanta temprano contra las inclemencias del tiempo y demás para tener una buena cosecha”, expresó y añadió: “Es la celebración de lo que nos distingue (que es el vino como bebida nacional), es la oportunidad de mostrarnos al mundo, de mostrar lo que somos, de lo que podemos ser y de esa manera atraer gente, atraer inversiones, atraer turismo. Para mí es una fiesta de la identidad, de la cultura y de lo que somos, de Mendoza. Me encanta en todo sentido”.







