En el marco del 150° aniversario del distrito, vecinos y visitantes emprendieron este fin de semana una caminata hacia el Cerrito, cerro que le dio nombre a la comunidad, un punto elevado que no solo domina el paisaje sino también la memoria colectiva de generaciones.
La jornada comenzó con una caravana desde la delegación hasta la ubicación del “Cerrito” actualmente en el paraje La Nora. Luego, continuó con la ascensión guiada por el director del Museo de Historia Natural, Luis Ballarini, junto a los arqueólogos Adriana Leyes y Esteban Vázquez, y el especialista en flora y fauna, Valentín Miri.
En el propio corazón del cerro, Ballarini ofreció una clase magistral que conectó la geología con la historia viva de la región.

Recordó que, para los pioneros que llegaban en carretas y cruzaban el río Diamante, esta elevación era una referencia vital para orientarse.
Reveló además que se trata de un antiguo cono volcánico, contemporáneo del Cerro Negro de Valle Grande, con evidencias de escorias y derrames de lava: un testigo silencioso de un vulcanismo poco frecuente en la región.

El relato también se detuvo en las huellas humanas que el tiempo no ha borrado: pinturas rupestres ocultas entre sus laderas, desgastadas pero aún vigentes, y el “atacadero”, lugar donde los antiguos pobladores extraían piedras para cimentar sus viviendas, combinadas con adobe, dando origen a las primeras construcciones de la zona.
Cada paso de la caminata fue un viaje en el tiempo. Entre el murmullo del viento y la imponencia de la vista panorámica, la comunidad de El Cerrito reafirmó el lazo que une su presente con el pasado, recordando que su nombre no es solo una referencia geográfica, sino un símbolo de identidad, esfuerzo y pertenencia.







