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San Martín, su vida desde 1848 a la inmortalidad

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En 1848 ocurre en Francia una revolución donde cae el Rey Luis Felipe, se produce inestabilidad y violencia extrema, lo que lleva a San Martín a buscar otro lugar para vivir y proteger a su familia, deseaba un pueblo con puerto y con facilidad para ir a Inglaterra; gestiona los pasaportes necesarios y se dirigen a Boulogne Sur Mer, a 270 kms al norte de París.
La familia partió en tren a su nuevo destino, un viaje de unas 7 horas; al llegar se alojan en un hotel. A San Martín le agradó mucho la ciudad y principalmente, por los recuerdos vinculados a la Grande Armée de Napoleón, en ese lugar le había tomado juramento a 180.000 hombres en 1804; aún se conserva una columna con la figura del emperador en conmemoración de ese evento.
Boulogne Sur Mer tiene una ciudadela amurallada con casas y negocios que existen desde la época en que nuestro libertador vivió allí, sus calles adoquinadas le agregan presencia, en esa ciudad está la catedral de Notre Dame de I’Immaculée Conception.
José de San Martín vivió muy cómodo en el lugar y a pesar que ya no montaba a caballo paseaba en diligencia junto a sus nietas Josefa Dominga y Mercedes que tenían 13 y 15 años respectivamente.
A fines de 1848 se terminaba la revolución y la situación se hizo estable bajo el gobierno de Napoleón III. Le pide a Mercedes que busque un lugar donde vivir y así llegan a Adolphe Gérard, un destacado vecino a quien le alquilan parte de su inmueble y se establecen en el segundo piso de Grande Rue 105 (hoy 115), traen los muebles desde Grand Bourg incluida su cama y el cuadro de la Bandera que le había regalado Mercedes.
La casa de Grande Rue 105 fue adquirida por el Estado Nacional en 1926, instalando allí al Consulado Argentino, trasladado desde París con la idea de formar allí un museo, tarea que concluyó en 1928; el consulado funcionó ahí hasta 1960, a partir de ese año se designó un conservador civil quien viviría allí con su familia para el resguardo del museo.
En 1849 San Martín le pide a Mariano Balcarce que venda su casa de Grand Bourg porque decidió vivir en Boulogne sur Mer definitivamente, su salud se encontraba debilitada y solo quería su vida familiar. En ese año se hizo operar de cataratas, lo que no lo mejoró, por eso le pedía a Mercedes que le leyera los diarios.
Charlaba mucho con su vecino Adolphe Gérard que era periodista y a quien le contó toda la campaña libertadora con cruce de Los Andes incluido, Gérard descubrió quien era San Martín lo que le dio mucha admiración, fue él quien escribió las últimas memorias del libertador, en francés.
Ya en el año 1850, San Martín cumplió 72 años en febrero, su salud se deterioraba, en Julio deciden llevarlo a tomar baños termales cerca de París y allí Mercedes le propone quedarse en el departamento que tenían en la calle Sant Georges, pero el general le pide volver a Boulogne sur Mer. El 6 de Agosto, luego de un paseo en diligencia vuelven a su casa y con dificultad y ayudado por dos criados sube hasta su habitación, a pesar de sus dolencias no se quejaba para no preocupar a su familia, su salud se torna frágil, siempre lo acompañaba Mercedes en actitud serena sabiendo ella que el final se aproximaba.
El 15 de Agosto y bajo la atención de su médico, mostró una notable mejoría, pasó gran parte de ese día acompañado por Mercedes en la habitación de ésta, luego se recostó. El día 16 transcurrió igual, el 17 de Agosto fue un cálido día de verano, llegó a visitarlo Francisco Javier Rosales, cónsul chileno y buen amigo. Almorzaron con el general, Mercedes, Mariano Balcarce y Rosales quien lamentó enterarse allí del estado de salud de San Martín; cerca de las 14 horas, sentía frío en las piernas por lo que su hija lo lleva a la habitación y lo cubre con una manta, lo visitan sus dos nietas y el médico seguía a su lado, San Martín les daba calma a todos pero a Mercedes le dijo al oído que “Ésta es la tormenta que me lleva al puerto”, no mostró signos de sufrimiento y siempre tuvo actitud serena.
A las 3 de la tarde del 17 de Agosto de 1850 falleció en la habitación de Mercedes. En la actualidad en la puerta de esa habitación un reloj muestra la hora exacta en que el general José de San Martín partió a la inmortalidad.
*Fuente: Instituto Nacional Sanmartiniano
*Asociación Cultural Sanmartiniana de San Rafael
José de San Martín, extraordinario ser humano, de conducta intachable, hombre de convicciones fuera de lo común, estratega formidable lo que se corrobora con la campaña del cruce de Los Andes, sin ambiciones personales y un principal deseo de ver a América del Sur independiente. El incipiente gobierno chileno le ofreció el máximo cargo político después de su independencia y él lo rechazó para seguir con su objetivo y pidió que ese cargo lo ocupara su amigo Bernardo O’Higgins, cosa que ocurrió.
Otro hecho importante de humildad lo llevó a cabo después del abrazo de Guayaquil con Simón Bolívar, luego del encuentro que marcó la principal diferencia entre esos grandes libertadores, San Martín que independizaba pueblos para que fueran libres y Bolívar que lo hacía para conquistarlos.
Cuando nuestro héroe vuelve a Mendoza, las luchas internas entre unitarios y federales lo desilusionaron a tal punto que fue el motivo, junto a las amenazas a su vida de cierto sector unitario, por no haber aceptado ser jefe de las fuerzas que luchaban contra los federales; San Martín no toleraba que se mataran entre hermanos. Su sueño de vivir el resto de su vida en Mendoza se truncó por ambiciones políticas fanáticas de aquellos tiempos fundacionales.
Nos legó libertad, grandeza, humanidad, ejemplos por doquier y un espíritu amplio para defender a la patria por sobre todas las cosas, lo que en estos tiempos difíciles, debemos pensar cada uno, si estamos aplicando los deseos del eterno José de San Martín.


Por Enrique Mario Barrera, integrante de la Asociación Cultural Sanmartiniana de San Rafael

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