El silencio es la única respuesta adecuada ante la cifra que hoy nos arroja el Observatorio de Seguridad Vial: 168 personas fallecidas en Mendoza en lo que va del año. Pero ese silencio debe ser roto por la urgencia de actuar. La tendencia es clara: es muy probable que cerremos 2025 con un nuevo récord de tragedias, superando posiblemente los 181 casos de 2024. Esto significa que en la provincia hay un muerto cada menos de dos días.
Estos números ya no son estadísticas frías; son la evidencia de que la crisis vial es una epidemia social que nos está devorando. Y lo más doloroso para nuestra comunidad es que San Rafael encabeza la lista de departamentos con más siniestros fatales, junto a Maipú, Guaymallén y San Martín.
La responsabilidad es local y urgente. San Rafael, por su extensión geográfica y la intensidad de su tráfico turístico y productivo, requiere una atención máxima que hoy no está dando resultados.
El análisis de las víctimas es aún más desgarrador: más de la mitad tenían entre 15 y 34 años. Estamos perdiendo a nuestra juventud, a la fuerza productiva de la provincia. Y la herramienta más letal en las calles es la motocicleta, que concentra el 39% de los casos. Esto exige una acción inmediata en el control de este tipo de rodados y en la educación vial para los conductores más jóvenes.
No hay política ni economía que valga mientras la vida de nuestros coterráneos se desvanezca en el asfalto. La solución no es solo más presupuesto; es más control, más educación y cero tolerancia a la imprudencia. El debate debe instalarse en cada hogar mendocino y sanrafaelino en particular. Exijamos a nuestras autoridades y a nosotros mismos el compromiso de que las calles y rutas de Mendoza dejen de ser un cementerio.





