Una encuesta realizada en la provincia analizó el nivel de conocimiento, los usos cotidianos, los temores y las expectativas frente a la inteligencia artificial. El relevamiento mostró amplia penetración de internet, un fuerte optimismo y también advertencias sobre riesgos educativos, de acceso y de salud mental.
La consultora Demokratia presentó los resultados de un amplio estudio destinado a conocer cómo viven los mendocinos la irrupción de la Inteligencia Artificial en su vida diaria. La investigación reveló que la mayoría de la población ya interactúa con estas herramientas, aun sin advertirlo, y que existe una percepción mayoritariamente positiva sobre su impacto futuro. Sin embargo, también afloran temores vinculados a la confiabilidad de los datos, la pérdida de habilidades cognitivas, la exposición de los niños y las dificultades que enfrentan los adultos mayores para desenvolverse frente a sistemas automatizados.
En diálogo con Diario San Rafael y FM Vos 94.5, el titular de Demokratia, Nicolás González Perejamo, explicó que “hoy en día todos somos de alguna manera usuarios de la inteligencia artificial”, tanto de modo voluntario como de forma indirecta cada vez que se realiza una compra por internet, una gestión municipal o una consulta bancaria. Recordó que en Mendoza “el 85% de la gente tiene acceso a internet de manera estable”, lo que facilita una interacción constante con sistemas automatizados.
El primer eje de la encuesta indagó en el nivel de conocimiento que los mendocinos creen tener sobre inteligencia artificial. Según contó el consultor, “casi el 95% de los mendocinos nos respondieron que, o poco, o algo, o mucho, pero conocen de inteligencia artificial, y solo el 5% dijo no tener conocimiento alguno”. Al profundizar en los datos, explicó que “la mitad de la gente siente que sabe algo, solo el 2% cree saber mucho, y la otra mitad está entre los que saben poco y nada”. Llamativamente, quienes se perciben más familiarizados son adultos económicamente activos próximos a la edad jubilatoria.
Otro bloque del estudio evaluó el uso voluntario y consciente de estas tecnologías. González Perejamo detalló que “casi un 2% de los encuestados la usa con habitualidad y frecuencia, cerca de un 38% lo hace sin tanta regularidad y casi un 60% considera que, por distintos motivos, no le resulta conveniente”. Entre estos últimos, señaló que “un 15% no ocupa la inteligencia artificial porque le da miedo o desconfianza”, influenciados por la idea de que la tecnología podría fallar o proporcionar información errónea. Dentro de ese grupo, existe además un segmento que admite un rechazo fuerte debido a la falta de credibilidad en los datos generados.
El consultor agregó que “hay casi un 45% que no le encuentra utilidad, no sabe cómo usarla o entiende que no la necesita”. Para estos usuarios, el avance de los sistemas supone desafíos concretos: por un lado, la accesibilidad para los adultos mayores; por el otro, el uso controlado en la infancia para evitar afectaciones en la comprensión lectora y el pensamiento abstracto. “Es muy difícil pensar en procesos educativos para chicos que estén plenamente asistidos por inteligencia artificial y después corramos el riesgo de que no se desarrollen bien en competencias básicas”, advirtió.
Durante la entrevista, González Perejamo enfatizó que estos riesgos también preocupan a organismos internacionales: “El Parlamento Europeo está tratando una ley sobre inteligencia artificial, porque las empresas desarrolladoras han corrido el eje y es necesario proteger al usuario”. En ese sentido, planteó interrogantes sobre cómo aprenden los niños cuando aplicaciones como chatbots interpretan o resuelven los textos por ellos.
El especialista expuso además otra inquietud creciente: el uso emocional y terapéutico de estas herramientas. “Hay personas que tienen su principal compañía en modelos de lenguaje que simulan pensamiento humano”, señaló, alertando sobre los peligros de recurrir a sistemas automatizados para recibir consejos médicos o psicológicos. También mencionó ejemplos de sesgo cultural detectados durante pruebas de generación de imágenes, donde “todas las personas sudamericanas aparecían con rasgos mexicanos”.
A pesar de las advertencias, el estudio arroja un dato contundente: “El 77% de los encuestados ve con optimismo la aparición de la inteligencia artificial y cree que mejorará algo o mucho su vida”. En contraste, alrededor de un 20% mantiene una mirada pesimista, mientras que un 5% considera que se trata de una moda pasajera.
Finalmente, González Perejamo sostuvo que el objetivo central de la consultora es promover información y debate público: “Si hablamos del tema, vamos a poder generar pensamiento crítico y una apropiada vinculación con la herramienta. Si no, la inteligencia artificial quedará en manos de los grandes dueños de la tecnología y no de lo que los usuarios necesitamos”.
El especialista concluyó resaltando la responsabilidad que deben asumir los adultos en la educación digital de niños y mayores: “La inteligencia artificial es igual que la energía nuclear: puede servir para hacer daño o para mejorar la vida de miles de personas. El desafío es comprometernos para usarla de la mejor manera posible”.







