La cobertura vegetal en los viñedos no solo cumple una función estética o de manejo superficial: es una pieza fundamental para la salud del suelo y la sustentabilidad del sistema productivo.
Así lo demuestra un estudio realizado por un equipo de investigadoras del INTA Rama Caída, que analizó el impacto de distintos tipos de cobertura vegetal sobre los microorganismos del suelo en un viñedo del sur mendocino.
El trabajo se desarrolló en una parcela de vid syrah, donde se evaluaron sectores con diferentes coberturas: gramíneas, leguminosas, consociaciones y vegetación espontánea. El objetivo fue medir cómo estas alternativas influyen en organismos esenciales para el funcionamiento del ecosistema vitícola.
Los resultados confirman que la cobertura vegetal promueve servicios ecosistémicos clave, como la descomposición de la materia orgánica, el ciclado de nutrientes y el control biológico natural.
En particular, se observó una alta correlación positiva entre el contenido de materia orgánica del suelo y la actividad microbiana, lo que indica que los suelos con mayor cobertura activa presentan una biología más dinámica y saludable.
EFICIENTE Y RESPETUOSO
Otro de los puntos destacados del estudio fue la relación entre el pH del suelo y los hongos micorrícicos arbusculares, microorganismos fundamentales para la absorción de nutrientes por la vid. En este sentido, se detectó que valores más elevados de pH se asocian con una menor densidad de esporas de estos hongos, lo que refuerza la importancia del manejo integral del suelo.
Además, las coberturas con gramíneas mostraron un efecto positivo sobre la presencia de hongos micorrícicos en comparación con otros tratamientos, fortaleciendo la interacción entre el suelo y las raíces de la planta.
En tanto, las parcelas con leguminosas evidenciaron un mayor equilibrio de la nematofauna, con una relación cercana a uno entre nematodos fitófagos y benéficos, indicador de un suelo más estable desde el punto de vista biológico.
En un contexto donde la producción agrícola enfrenta el desafío de ser cada vez más eficiente y respetuoso del ambiente, la vida microscópica del suelo aparece como un aliado silencioso, pero determinante, para el futuro del ecosistema vitícola.







