El reconocido economista Miguel Ponce analizó la dinámica de precios tras conocerse el último índice de inflación del 2,8% que aumentó con el mes anterior. En una entrevista profunda, Ponce señaló que el proceso de baja de precios prometido por el Gobierno se encuentra estancado desde hace ocho meses y advirtió que la combinación de recesión con alza de costos está empujando a las familias argentinas a un círculo de endeudamiento sin precedentes.
El fin del “veranito” de la desinflación
Para Ponce, los números recientes confirman que el sendero de caída de precios ha encontrado un piso difícil de perforar. A pesar de los esfuerzos oficiales por mostrar una desaceleración, la realidad de los rubros básicos cuenta otra historia.
“Llevamos ocho meses con el proceso de desinflación paralizado o frenado. Lo concreto es que la dinámica de precios cumplió siete meses seguidos al alza. Y lo más preocupante es el impacto social cuando desagregamos los números: por encima del 2,8% general tenemos alimentos y bebidas en 3,1%; vivienda, alquileres y tarifas en 3,8%; y combustibles en un 6%”, detalló el economista en una entrevista brindada a FM Vos 94.5.
“Estamos hablando de consumos populares, no de turismo o esparcimiento. Este es el costo que está pagando la actividad económica; lo que yo denomino ‘receflación’, que es recesión con inflación al alza, cierre de empresas y desempleo”, destacó.
El dólar y el efecto “pass-through”
El economista puso el foco en el nuevo sistema de actualización cambiaria y en cómo la inflación pasada condiciona la devaluación futura, generando un círculo vicioso difícil de romper.
“Este mes el dólar sube a la velocidad de la inflación de dos meses atrás. Si en noviembre fue del 2,5%, ese es el ritmo actual, pero el mes que viene la devaluación irá al 2,8%. La pregunta clave es si esa suba del dólar originará un ‘pass-through’ automático, es decir, un traslado a precios de la devaluación. Si esto ocurre, hay menos posibilidades de retomar el sendero de la desinflación”, observó.
“Aquella promesa presidencial de empezar a ver índices del ‘cero punto algo’ se hace cada vez más difícil de cumplir”, expresó el especialista.

La trampa del endeudamiento familiar
Uno de los puntos más críticos de la entrevista fue el análisis del comportamiento financiero de los hogares frente a la pérdida de poder adquisitivo y al cambio de reglas en la economía bimonetaria.
“No hay un momento en la Argentina en el que el endeudamiento de las familias haya sido mayor que el actual. Estamos entrando en una ‘segunda vuelta’ del proceso. Como la tarjeta de crédito ya no alcanza, la gente recurre al prestamista del barrio, con tasas sumamente elevadas”, comentó Ponce.
“El problema es que el chip mental del argentino no cambió: antes convenía endeudarse porque la inflación ‘licuaba’ la deuda. Hoy, sin aumentos de ingresos y con una inflación que no se dispara, pero tampoco baja, esa licuación no existe. Pagar solo el mínimo de la tarjeta hoy es caer en un sobreendeudamiento agudo que destruye la economía hogareña”, sentenció.
El espejo de los vecinos y el presupuesto
Consultado sobre cómo otros países logran estabilizar sus economías, Ponce remarcó la importancia del equilibrio fiscal y del debate serio sobre el destino de los recursos.
“El proceso inflacionario fue derrotado hace rato, por ejemplo, tanto en Brasil como en Uruguay. Ninguno se plantea emisiones descabelladas ni aumentar el gasto por una elección. El tema es dónde ponés el acento: Brasil recauda más de los sectores pudientes; Chile tiene una mirada más proempresa”, explicó.
“Todo se resume al debate presupuestario. Es fundamental tener un presupuesto para decidir si el esfuerzo va a educación, salud o subsidios. El Gobierno decidió no tener presupuesto antes y ahora debemos ver cómo impacta la nueva fórmula de medición, que incluirá internet, Netflix y alquileres, lo que probablemente arroje números aún más preocupantes”, vaticinó el entrevistado.
El costo de vida: los números que duelen
La dinámica de precios en la Argentina ha entrado en una fase de rigidez preocupante que golpea directamente el corazón del consumo. Mientras los índices generales intentan estabilizarse, la realidad social se vuelve alarmante: la Canasta Básica de Pobreza subió un 4,1% este mes, superando ampliamente el promedio de inflación general. Este desfasaje revela que los productos y servicios más elementales son, precisamente, los que más se han encarecido, ensanchando la brecha entre los ingresos fijos y el costo de vida básico.
“Estamos viendo una transformación del gasto hogareño donde la luz, el gas y la telefonía ya representan entre el 20% y el 25% de lo que gana una familia. Con una Canasta de Pobreza que escala al 4,1% mensual, el presupuesto disponible para consumo se reduce drásticamente, empujando a los hogares hacia un endeudamiento forzado para cubrir lo básico”, remarcó el economista.
“El problema es que el costo de vida sube por un ascensor; los servicios y el alquiler devoran más de la mitad de los ingresos, dejando al salario totalmente rezagado”, agregó.
Miguel Ponce concluyó advirtiendo que, aunque no hay peligro de una hiperinflación inminente, la supuesta certeza de que los precios no se disparan no compensa la frase que más se escucha en la calle: “La plata no me alcanza”.







