El Cuartel de Salto de las Rosas realizó un simulacro de rescate con vehículos atrapados por el agua y advirtió sobre la falta de personal y recursos en plena temporada estival. La preparación, la seguridad del rescatista y la complejidad de los incendios también marcaron la agenda.
Con la llegada de la temporada de verano y el aumento del riesgo de crecidas repentinas en cauces y arroyos del sur mendocino, el Cuartel de Bomberos Voluntarios de Salto de las Rosas llevó adelante un simulacro de rescate bajo la hipótesis de un vehículo atrapado por la creciente del río Atuel. La práctica, que se desarrolló en jurisdicción del propio cuartel, se enmarca en una serie de entrenamientos que el cuerpo viene realizando desde noviembre con el objetivo de perfeccionar maniobras y establecer protocolos propios de actuación ante emergencias vinculadas al agua.
El comandante del cuartel, Pablo Franciulli, explicó a Diario San Rafael y FM Vos 94.5 que este tipo de ejercicios no son nuevos, aunque en esta oportunidad se decidió visibilizar el trabajo que se viene realizando de manera sostenida. “Ya llegando a la temporada de verano sabemos las condiciones que podemos afrontar y se van ejercitando; no es el primer ejercicio, quizás es el primero que hacemos público, pero desde noviembre venimos perfeccionando las maniobras que tendríamos que hacer ante cualquier tipo de eventualidad”, detalló.
La práctica se realizó en la zona de ingreso por Malvinas, sobre el río Atuel, un sector que suele presentar variaciones importantes en su caudal. Franciulli precisó que el simulacro se desarrolló con un volumen de agua considerable, aunque inferior al de meses anteriores. “Calculamos un caudal de agua de aproximadamente unos 20 metros cúbicos. Nosotros empezamos en noviembre con un caudal de casi 50 metros cúbicos, lo cual nos daba un empuje del agua importante y eso complica las maniobras”, explicó. Según indicó, este tipo de condiciones obligan a ajustar permanentemente las técnicas de trabajo y a entrenar de manera periódica para ganar eficiencia y reducir riesgos.
En ese sentido, el comandante subrayó que los entrenamientos se realizan con una frecuencia de dos encuentros mensuales y que de cada práctica se extraen aprendizajes concretos. “Dos veces por mes nos juntamos y tratamos de llevar esto a la práctica de manera tal de ir perfeccionando, sacar de ahí las maniobras que vamos a utilizar y eso nos permite ser mucho más eficientes a la hora de concretar una maniobra”, afirmó, aunque aclaró que el objetivo final es que esas situaciones no se presenten. “Ojalá no tengamos que hacerla, pero la idea es estar preparados”, remarcó.
Uno de los ejes centrales del simulacro fue la seguridad del personal interviniente, un aspecto que Franciulli consideró prioritario. “Lo primero que le damos es seguridad al rescatista, primero gente que está preparada para trabajar en el agua”, sostuvo. En esa línea, explicó que se utilizan chalecos salvavidas especialmente diseñados para soportar el peso del bombero y de una persona rescatada, lo que permite que el rescatista pueda comprometerse de manera más efectiva con la tarea sin poner en riesgo su vida.

En cuanto al equipamiento, el comandante señaló que, además de cuerdas, el cuartel cuenta con un bote de rescate sin motor, cuya utilización requiere una capacitación específica. “Tenemos un bote de rescate sin motor que se maneja con cuerdas específicamente. Es un bote de piso plano, no tiene quilla, entonces no rompe la ola y hay que priorizar las formas de trabajo para que sea eficiente el traslado de personas”, explicó. Este tipo de embarcación, si bien resulta clave en escenarios de creciente, presenta dificultades operativas que solo pueden superarse con entrenamiento constante.
“El bote con cuerdas es muy difícil de trabajar, por eso lo primordial es darle seguridad al rescatista, porque en algún momento el rescatista tiene que hacer acceso al lugar donde la gente está pidiendo soporte”, indicó Franciulli, al tiempo que destacó la importancia del trabajo coordinado desde una costa segura. “Tiene que llegar con los medios de seguridad adecuados para poder brindar esa emergencia y después hacer el manejo de la propia embarcación junto con el apoyo de la zona segura, que sería la costa a donde uno llevaría a aquella gente que necesita una evacuación segura”, agregó.
Otro de los puntos abordados durante la entrevista fue la cantidad de personal disponible para este tipo de intervenciones. Franciulli reconoció que, si bien lo ideal es contar con la mayor cantidad de bomberos posible, la realidad del cuartel es compleja. “La mayor cantidad posible es lo mejor; nosotros no contamos con mucha gente, habitualmente somos tres o cuatro los que trabajamos”, explicó. No obstante, señaló que la práctica constante permite optimizar recursos y roles. “El trabajo cotidiano nos hace ser más finos a la hora de poner en práctica, sabiendo qué es lo que tienen que hacer”, afirmó.
La situación del plantel de bomberos voluntarios en Salto de las Rosas no difiere demasiado de la de otros cuarteles de la región. El comandante fue claro al describir el contexto actual. “La necesidad económica que tenemos hoy en el país implica que la gente no se comprometa”, sostuvo, y añadió que el cuartel cuenta con “muy poco apoyo de parte de la comunidad y de parte de las instituciones provinciales y municipales”. Actualmente, el cuerpo activo está conformado por aproximadamente entre 9 y 10 bomberos, todos con trabajos fuera del ámbito del voluntariado, lo que dificulta la cobertura inmediata de algunas emergencias. “Habitualmente nos cuesta cubrir las necesidades inmediatas y a veces no podemos hacerlo por falta de personal”, reconoció.
Finalmente, Franciulli se refirió a las intervenciones por incendios registradas en lo que va de la temporada, un fenómeno que, según explicó, presenta cada vez mayor complejidad. “Hemos tenido que intervenir y los incendios tienen una dinámica que cada vez es más compleja”, señaló. Si bien aclaró que la realidad local no es comparable con la de grandes centros urbanos, advirtió sobre factores que agravan la situación. “Tenemos mucho abandono en las zonas de las fincas y eso, sumado al viento, genera un potencial combustible que a veces se nos complica afrontarlo”, indicó. Incluso en verano, cuando parte del material vegetal conserva humedad, las condiciones pueden cambiar rápidamente. “Con el viento se deshidrata y esto genera temperaturas que nos hacen muy complejos los trabajos”, concluyó.







