Con una sala que no llegó a ocuparse ni en una cuarta parte y en un contexto internacional atravesado por fuertes tensiones políticas y comerciales, el presidente Javier Milei tuvo una participación deslucida en el Foro Económico Mundial de Davos. Su exposición, centrada casi exclusivamente en la defensa del libre mercado y en consignas ya reiteradas, contrastó con los discursos de otros líderes globales y pasó prácticamente inadvertida para la mayoría de los asistentes.
La presencia del mandatario argentino en el tradicional encuentro de los Alpes suizos estuvo marcada por la escasa convocatoria y por un discurso leído, con dificultades incluso en el orden de las hojas, en el que insistió en que “el capitalismo de libre comercio es el único sistema viable”. En ese marco, volvió a sostener que “América será faro de luz” y que deberá “pagar su deuda civilizatoria” como forma de “gratitud” hacia las corrientes filosóficas que, según su visión, le dieron identidad al continente.
El inicio de su intervención dejó perplejos a los pocos presentes cuando afirmó que “Maquiavelo ha muerto”, una referencia que no terminó de encontrar anclaje en el resto del mensaje ni en el contexto geopolítico que dominó la agenda del foro. La mención al autor de “El Príncipe” se convirtió en uno de los pasajes más comentados de una alocución que no logró captar la atención internacional.
Lejos de aprovechar los treinta minutos asignados, Milei reiteró datos ya conocidos de su gestión, como la baja de la pobreza al 27 por ciento y la reducción de la inflación del 300 por ciento al 30, además de elogiar públicamente a la ministra de Capital Humano, Sandra Pettovello. Conceptos y cifras que resultaron ajenos para una audiencia reducida y poco involucrada.
Fuentes empresarias que participaron del encuentro aseguraron que la exposición del presidente argentino no fue seguida por más del 20 por ciento del salón principal, con capacidad para unas 1300 personas. La baja asistencia también se reflejó en la transmisión oficial por YouTube, que registró menos visualizaciones que otras presentaciones.
El contraste fue evidente si se lo compara con las exposiciones previas. Emmanuel Macron, Ursula Von der Leyen y Donald Trump habían colmado el auditorio, y en el caso del presidente estadounidense incluso se habilitaron salas adicionales ante la alta demanda. Tras la charla de Trump, los salones se vaciaron por completo por razones de protocolo, lo que impidió que Milei retuviera parte de esa audiencia.
Otro de los discursos que generó fuerte impacto fue el del primer ministro canadiense, Mark Carney, quien abordó con firmeza el escenario de disputa entre potencias y advirtió que “cuando las normas ya no te protegen, debes protegerte tú”. Trump no eludió la confrontación y le respondió con dureza, dejando en claro que los conflictos comerciales y geopolíticos dominan hoy la agenda global.
En ese escenario, Milei se mantuvo al margen de los debates centrales. Volvió a definir la deuda como “civilizatoria” y a plantear que pagarla implica agradecer a las raíces griegas, romanas y judeocristianas de Occidente. Desde su entorno celebraron algunas frases del discurso, aunque varias de ellas quedaron descontextualizadas frente a la realidad internacional.
Durante su intervención, el Presidente afirmó que “el capitalismo de libre comercio es el único sistema justo” y apeló al eslogan “Make America great again” para luego adaptarlo a clave local: “Esto es ‘Make Argentina great again’”. Destacó las “13.500 reformas estructurales” impulsadas por su Gobierno y sostuvo que “regular mata el rendimiento” y “merma el crecimiento”.
También volvió a cargar contra la agenda “woke”, el populismo y lo que definió como “parásitos socialistas”, al tiempo que responsabilizó al socialismo por la crisis de Occidente. Puso como ejemplo “los daños aberrantes en Venezuela” bajo lo que calificó como una “narcodictadura sangrienta”.
En el repaso de su gestión, elogió al Ministerio de Desregulación y Transformación del Estado, a cargo de Federico Sturzenegger, y al de Capital Humano, conducido por Pettovello. Sobre este último, destacó la idea de “enseñar a pescar” a los sectores vulnerables y fomentar que impulsen “su propia empresa pesquera”, en contraposición a “regalar pescado”.
El cierre retomó el tono provocador que caracteriza al mandatario. “Maquiavelo ha muerto y es hora de enterrarlo. Viva la libertad, carajo”, concluyó, ante un auditorio raleado y con escasa repercusión inmediata.
Fuente: Página 12.







