Rechazado al nacer, el pequeño macaco encontró consuelo en un peluche y hoy es estrella viral. Su historia conmueve y suma millones de vistas.
En el Zoológico de la Ciudad de Ichikawa, un macaco de siete meses pasó de ser un recién nacido rechazado a convertirse en celebridad global. Lo llaman Punch y, desde julio pasado, no se separa de un peluche naranja que adoptó como madre sustituta.
Según explicó el portavoz Takashi Yasunaga a la agencia EFE, el pequeño fue rechazado poco después de nacer. La situación, que a veces ocurre en la especie, podría haber estado vinculada a la inexperiencia de la madre y a las altas temperaturas del verano.
Como los bebés macaco suelen aferrarse al cuerpo materno, los cuidadores intentaron darle toallas para que se sintiera contenido. Punch eligió otra opción: un peluche de orangután que desde entonces abraza para dormir, caminar o refugiarse cuando algo lo asusta.
De la soledad a la integración en la manada
Las primeras imágenes de su reintroducción al grupo, en enero, lo mostraban tímido frente a los otros 56 ejemplares del recinto. Esos videos se viralizaron rápidamente y generaron una ola de mensajes de apoyo bajo etiquetas como #AnimoPunch.
El 5 de febrero, el zoológico lo presentó oficialmente en su cuenta de X. Desde entonces, cada publicación sobre su evolución acumula miles de comentarios y millones de visualizaciones. Uno de los videos recientes, donde interactúa con otros monos, superó los cuatro millones de reproducciones.
Hoy las escenas son distintas. Punch juega, recibe cuidados, intenta provocar a sus compañeros y aprende las reglas de la vida en grupo. Los cuidadores señalaron que mejora día a día su interacción con la manada y que avanza en su adaptación sin abandonar a su inseparable peluche.
El fenómeno también se trasladó al mundo físico. El último fin de semana, unas 8.000 personas visitaron el zoológico, el doble de lo habitual. Incluso en días laborales se forman filas de visitantes que quieren ver de cerca al pequeño macaco que convirtió un juguete de felpa en su refugio y, sin proponérselo, en símbolo de resiliencia.







