Las tormentas de verano volvieron a dejar en evidencia el mal estado de la Ruta Nacional 40 en el tramo que conecta el sur mendocino con el norte de Neuquén, especialmente en el sector de ripio que se extiende por más de 80 kilómetros entre Bardas Blancas y el límite interprovincial.
Las lluvias deterioraron aún más el camino, generando complicaciones para quienes transitan por la zona. Se trata de un tramo clave que no solo es utilizado por vehículos particulares, sino también por camiones vinculados a la actividad petrolera y colectivos que conectan ambas provincias.
El estado del camino se convierte así en un serio limitante para el desarrollo de una región con gran potencial productivo y turístico, que desde hace años reclama mejoras en la infraestructura vial.
El tema volvió a tomar relevancia recientemente, luego de que los gobernadores de Mendoza y Neuquén mantuvieran una reunión para analizar posibles soluciones a una problemática que lleva más de 17 años de postergaciones.
Si bien ambos mandatarios coincidieron en la necesidad de avanzar con la finalización y mejora del corredor, todavía no existe un proyecto definitivo, ni financiamiento asegurado, ni plazos concretos para la obra.
La Ruta Nacional 40, uno de los corredores viales más extensos e importantes de Argentina, es fundamental para la integración regional. Su mejora permitiría fortalecer la conectividad entre provincias y potenciar el desarrollo económico del sur mendocino y el norte neuquino.






