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Sustentabilidad con sello científico: la vitivinicultura argentina refuerza su perfil exportador con la medición de la huella de carbono

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El sector vitivinícola argentino da un paso decisivo hacia la sostenibilidad global. A través de un convenio estratégico entre el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Tecnológicas (CONICET), la Corporación Vitivinícola Argentina (COVIAR) y la Sociedad Rural Argentina (SRA), se desarrollará un módulo específico para calcular la huella de carbono de las organizaciones del sector. Bárbara María Civit, destacada científica del CONICET e integrante del Grupo CLIO (UTN), dialogó con FM Vos 94.5 para explicar cómo esta herramienta permitirá a productores y bodegas cuantificar sus emisiones bajo estándares validados, facilitando su inserción en los mercados internacionales más exigentes.

Hasta el momento, el sector contaba con herramientas para medir el impacto ambiental de un producto específico (una botella de vino, por ejemplo), pero el nuevo acuerdo busca ampliar el horizonte hacia la estructura completa de las empresas. «La Sociedad Rural Argentina ya tiene en su sitio una calculadora para que productores agropecuarios y ganaderos puedan medir la huella de carbono de su organización. Lo que estamos haciendo a través de este convenio, impulsado por COVIAR, es armar un módulo específico dentro de esa calculadora para la vitivinicultura», comunicó Civit al comenzar la conversación.

«Esto permitirá que tanto el productor de uva como quien elabora derivados puedan calcular el desempeño ambiental de toda su institución, equiparándose a lo que ya hacen otros sectores económicos del país», amplió.

Un pilar central del proyecto es el consenso y la validación con los actores directos de la industria del vino

La ciencia detrás de los números

El rol del CONICET en este acuerdo estratégico es fundamentalmente técnico y metodológico. Su intervención aporta el rigor científico necesario para que los resultados del balance ambiental sean indiscutibles ante organismos internacionales y mercados de exportación. En lo que respecta al desarrollo técnico, la labor se centraliza en la precisión matemática del sistema.

«Desde el CONICET, a través del grupo CLIO, nos encargamos de desarrollar el background del módulo; es decir, toda la parte de los cálculos y la metodología científica. Luego, la Sociedad Rural Argentina lo plasmará en su plataforma digital para que mantenga un formato homogéneo con el resto de los sectores económicos», explicó la investigadora.

Un pilar central de este proyecto es el consenso y la validación con los actores directos de la industria. Según Civit, el valor agregado reside en la territorialidad de la herramienta. «El beneficio más importante es que esta calculadora se construye bajo consenso y es validada con el sector. Muchas veces existen herramientas internacionales muy buenas, pero no siempre están desarrolladas específicamente para responder a las particularidades y características de nuestra vitivinicultura local. Aquí nos basamos en la experiencia de nuestros propios productores para que el indicador sea realmente representativo», destacó.

Huella de carbono: ¿Qué se mide realmente?

Para el productor y el lector en general, el concepto de huella de carbono puede resultar abstracto, pero implica una revisión minuciosa de cada actividad diaria en la finca y la bodega. «Se identifican las fuentes de emisión y luego se cuantifican en toneladas de dióxido de carbono equivalente al año. Se mide absolutamente todo lo que tiene que ver con la actividad en ese período: desde el combustible del tractor para las tareas culturales, el funcionamiento de las bombas de riego, hasta el combustible utilizado en la defensa contra heladas», detalló Civit.

«Incluso se contemplan las emisiones de los gases refrigerantes de los aires acondicionados en las oficinas de la organización. Es una radiografía completa de las emisiones asociadas a la actividad», añadió.

Verificación y certificación: el pasaporte al mundo

Ante la creciente demanda de los mercados externos por datos ambientales precisos, la entrevistada aclaró los procesos necesarios para obtener sellos de exportación. «Hay que hacer una salvedad: estos procesos se llaman ‘verificación de huella’. El CONICET, como organismo de ciencia y tecnología, asegura que la metodología sea correcta, pero para obtener un sello que permita exportar o participar en licitaciones, debe intervenir una tercera parte independiente, un Organismo de Validación y Verificación (OVV). La calculadora que desarrollamos ya ha pasado por esa instancia, lo que garantiza seguridad a quien la use. No obstante, cada bodega que quiera un sello propio sobre su resultado deberá luego verificar su cálculo particular con estos organismos de tercera parte», aclaró.

El cronograma de trabajo ya está en marcha y se espera que para el segundo semestre de este año la herramienta esté plenamente operativa para los usuarios. «El convenio establece que para finales de junio nosotros debemos entregar el desarrollo metódico. Si todo va bien, a partir de julio la parte científica estaría terminada», estimó la experta.

«Luego vendrá la fase de diseño y programación para que el formato sea homogéneo al resto de los sectores en la web de la Sociedad Rural. Es una pregunta clave, porque el sector la está necesitando y estamos trabajando para que esté disponible lo antes posible», aseguró Civit al cierre de la charla.

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