El escenario crediticio en Argentina atraviesa un momento de tensión. La combinación de una inflación que dejó de licuar deudas, tasas activas elevadas y una crisis de confianza en la moneda nacional ha disparado los niveles de morosidad. Federico Pagano, gerente general de una reconocida compañía financiera, analiza en profundidad el pulso del sector, advierte sobre el peligro de las «bolas de nieve» en las tarjetas de crédito y explica por qué el peso sigue siendo el principal obstáculo para el crédito de largo plazo. En diálogo con FM Vos 94.5, el directivo instó a los deudores a acercarse a las entidades para renegociar antes de que la situación sea irreversible.
Históricamente, el deudor argentino apostaba a que la inflación licuara sus cuotas. Hoy, en un contexto de relativa estabilidad de precios pero con tasas heredadas muy altas, esa estrategia se ha vuelto una trampa. «La mora ha ido creciendo bastante y estamos prácticamente cuatro veces por encima de lo normal. El proceso se incrementó fuertemente desde junio del año pasado por el aumento de tasas para contener el dólar previo a las elecciones. Pero hay un factor psicológico clave: el argentino estaba acostumbrado a que el paso del tiempo licuara las deudas a tasa fija. Hoy, con la estabilidad actual, la cuota no se licúa y la gente se encuentra con un costo financiero imposible de pagar. Esto afecta no solo a familias, sino también a pymes», indicó Pagano al principio de la entrevista.
¿Cómo se construye la tasa que pagás?
Lejos de ser un valor arbitrario o caprichoso, el costo de un préstamo en Argentina responde a una estructura de costos técnica y multicausal. Federico Pagano detalló los componentes esenciales que transforman un depósito de ahorro en la tasa activa que finalmente paga el cliente. El primer eslabón es el costo de fondeo, es decir, lo que la entidad debe pagarle al ahorrista para captar los fondos. «Los bancos pagan hoy un promedio del 26-27% por los plazos fijos», explicó.
No obstante, no todo ese dinero puede volcarse al mercado; una parte importante corresponde a los encajes e impuestos. «De ese capital, entre un 13% y 14% debe quedar inmovilizado por exigencia regulatoria (encajes). A eso hay que sumarle que, en nuestro país, aproximadamente un 35-36% del costo financiero total son puros impuestos», señaló el directivo, marcando la fuerte presión fiscal sobre el crédito.
A estos factores estructurales se les suma el factor mora, un componente de riesgo que se ha vuelto crítico en los últimos meses. «Es necesario cargar una sobretasa para cubrir a quienes no van a poder pagar sus obligaciones, una medida indispensable para garantizar que el banco pueda devolver los fondos a quienes depositaron sus ahorros originalmente», comentó al respecto.
Finalmente, la tasa contempla los costos de operación, que incluyen desde los sueldos y alquileres hasta la infraestructura tecnológica necesaria para mantener la seguridad del sistema financiero formal. La suma de todos estos elementos es lo que define, en última instancia, el acceso y el costo del financiamiento para las familias mendocinas.
Tarjetas de crédito: el riesgo de la «deuda autogenerada»
El producto más sensible en este contexto es la tarjeta de crédito, donde el pago mínimo puede derivar en una espiral de intereses punitorios y compensatorios. «En las tarjetas es donde hay que estar más encima. Cada resumen que vence se transforma en un 100% de deuda sobre el cual se calculan intereses. Si alguien tiene una tarjeta atrasada, debe acercarse inmediatamente a la entidad y transformarla en un crédito de cuota fija. En un préstamo personal, el interés corre solo sobre la cuota atrasada, no sobre el total. El primer aliado para resolver un problema financiero debe ser la propia entidad; a ningún banco le conviene que un cliente caiga en situación de impago», destacó.

El mapa de la mora y el peso de las garantías
Dentro de la coyuntura actual, se observan marcadas diferencias regionales en el cumplimiento de las obligaciones. «Mendoza está en línea con la media nacional en cuanto a morosidad. Históricamente, el sur argentino siempre ha sido más cumplidor, mientras que el norte suele registrar niveles de mora más elevados», precisó Federico Pagano.
Esta segmentación geográfica permite a las entidades financieras mapear el riesgo de manera más precisa, aunque la tendencia alcista de los últimos meses ha afectado de forma transversal a gran parte del territorio.
Sin embargo, el escenario cambia drásticamente cuando se analizan los créditos con garantía. En productos como los préstamos prendarios o hipotecarios, la situación es sensiblemente más estable debido a la naturaleza del contrato. «Al existir garantías de por medio y tratarse de créditos pensados para el largo plazo, la mora en estos casos está apenas un 25% por encima de lo normal, lo cual no es una cifra alarmante ni preocupante para el sistema», resaltó el directivo de la reconocida financiera.
«Esta diferencia subraya la importancia de contar con activos de respaldo para acceder a mejores condiciones de financiación», agregó.
Por otra parte, esta disparidad en el comportamiento de pago ha generado una notable restricción del crédito en el mercado. Ante el temor de incrementar la exposición al riesgo, muchas entidades han optado por una postura de cautela.
“Hoy hay muy poco crédito disponible porque los bancos prefieren esperar a que la situación macroeconómica mejore antes de llenar sus carteras de clientes morosos. En la práctica, las tasas activas actuales terminan funcionando como un filtro que expulsa al cliente del sistema», expresó Pagano, describiendo un fenómeno que limita el consumo y la inversión en el corto plazo.
El peso argentino como ancla y la falta de confianza
Para Pagano, la ausencia de préstamos a 20 o 30 años con tasas de un solo dígito tiene un responsable claro: la inestabilidad de la moneda nacional y la memoria del inversor. «El peso es un problema para los argentinos; no lo usamos como reserva de valor y ante cualquier sismo corremos al dólar. Si tuviéramos una moneda fuerte, la situación cambiaría de la noche a la mañana porque se acabaría la duda de qué es lo que voy a cobrar», planteó.
«Argentina ha vulnerado tantas veces la confianza de los inversores —que es cualquier asalariado con un depósito— mediante emisión descontrolada, que esa es hoy nuestra gran ancla. Para prestar a largo plazo necesitamos depósitos que exijan lo mismo: baja tasa y largo plazo», concluyó de forma categórica. Epígrafe: El producto más sensible en este contexto es la tarjeta de crédito, donde el pago mínimo puede derivar en una espiral de intereses punitorios y compensatorios.






