Insólito, sorpresivo y espeluznante. Bajo esos adjetivos puede calificarse lo que ocurrió entre el fin de semana y el lunes en San Rafael, en el marco de un caso de desaparición, un hallazgo y una muerte que no era tal. Para armar este rompecabezas, hay que situarse, inicialmente, en el viernes 1 de mayo, y las protagonistas son dos mujeres: Araceli Salim y su mamá, Haydee Benso.
Todo comenzó durante el feriado del Día del Trabajador, cuando Araceli decidió marcharse a El Nihuil, donde había alquilado una cabaña. Viajó sin celular. Hasta ahí, más allá de decidir quedarse incomunicada, nada extraño. La serie de sucesos comenzó luego, cuando Salim abandonó la propiedad que había contratado y nunca más regresó, lo que despertó la atención del propietario, quien decidió reportar el paradero. Esa acción, valió la difusión pública del caso a través de grupos de prensa que administra el Ministerio Público Fiscal.
La noticia del lunes en la mañana daba cuenta de la búsqueda de Araceli Salim, quien era buscada por orden de la Oficina Fiscal N° 1 de San Rafael, en virtud de una denuncia efectuada el domingo en el destacamento de El Nihuil, donde había sido vista por última vez. En el mismo informe se brindaron características morfológicas y de vestimenta, y además se adjunto una foto de la mujer, con el objetivo que los medios de comunicación difundieran la imagen para contribuir a su hallazgo.

Y es en esta instancia cuando el caso adquirió ribetes propios de una ficción. Es que Araceli seguía en El Nihuil, pero no en la cabaña que había alquilado sino en el hotel Smata, también situado en ese distrito. Así lo confirmó la Policía, cuyos agentes llegaron al lugar movilizados por la causa que se había originado. Cuando comprobaron que Salim estaba sana y salva, una declaración de la mujer los dejó boquiabiertos: “mi mamá está en mi casa, muerta”, habría afirmado.
Entonces, lo que empezó como un caso de paradero derivó en otro con un fallecimiento de por medio. De El Nihuil, la atención se mudó a la Ciudad de San Rafael, más precisamente a calle Barcala, entre Deoclesio García y Patricias Mendocinas, vivienda que Salim marcó como propia y que compartía con su mamá, presuntamente fallecida.
Tras la declaración de Araceli, una importante comitiva de investigadores policiales y judiciales se trasladó hasta la casa de calle Barcala, donde se montó un fuerte operativo para determinar qué estaba ocurriendo en su interior. Y efectivamente dentro del inmueble visualizaron a una mujer que resultó ser Haydee Benso, de 94 años, sin aparentes signos vitales. En ese escenario, las órdenes policiales y judiciales estuvieron vinculadas a un habitual caso de muerte domiciliaria, para lo que fue convocada Policía Científica a efectos de realizar las pericias de rigor. Pero el caso tenía deparada una sorpresa final: Haydee, la abuela supuestamente fallecida, estaba con vida. Una persona, de todas las que intervinieron en el suceso, comprobó la vitalidad de la nonagenaria y de inmediato se puso en conocimiento de la situación al Servicio de Emergencias Coordinado (SEC), cuyo médico de turno logó estabilizar a Benso para trasladarla al hospital Schestakow.
En medio de tanta confusión, la desinformación también ganó terreno, ya que hubo versiones que en la casa de calle Barcala habían encontrado muerta a Araceli Salim, la mujer cuya desaparición dio lugar a la sucesión de episodios antes descriptos. Ni Araceli estaba muerta ni tampoco su mamá.
Ahora la Fiscalía interviniente buscará determinar el trasfondo del caso, que incluyen los movimientos de Salim en El Nihuil, la salida intempestiva de un hospedaje a otro y su declaración respecto al supuesto fallecimiento de su mamá, quien se encontraba en condiciones inadecuadas dentro de su propiedad, sin asistencia y con el riesgo latente de sufrir las consecuencias del abandono.
En conclusión, una desaparición, una muerte que no fue y toda una estructura pública movilizada por un caso que nunca resultó ser lo que pareció ser.







