La agenda de preocupaciones públicas en la Argentina experimenta una distorsión estructural donde las urgencias del presente eclipsan los factores determinantes para el desarrollo del futuro. A pesar de los alarmantes índices de deserción escolar y la caída en la calidad del aprendizaje, la educación se ubica en el séptimo lugar del ranking de demandas nacionales. Inés Insua, especialista en políticas públicas, educación y desarrollo humano, y vocera del Observatorio de Argentinos por la Educación, analizó los resultados del informe de Percepción Social sobre la Educación y la Política Educativa, un estudio elaborado sobre la base de datos del Latinobarómetro y la Universidad de San Andrés. En diálogo con FM Vos 94.5, Insua detalló la brecha socioeconómica que segmenta el interés por la escolaridad, reveló datos críticos sobre la trayectoria de los alumnos y advirtió que la vulnerabilidad social obliga a las familias a priorizar la subsistencia inmediata, relegando la planificación educativa a un segundo plano.
El ranking de la resignación: la educación en el séptimo lugar
La paradoja de la percepción social demuestra que el estancamiento educativo no es percibido como un riesgo inminente por la mayoría de la ciudadanía, cuya atención se encuentra monopolizada por la coyuntura económica y delictiva. «Apenas el 5% de los argentinos identifica a la educación como el principal problema del país. Este dato surge del informe de percepción social que elaboramos desde Argentinos por la Educación, y nos muestra que el sistema educativo quedó relegado al séptimo lugar en el ranking de las preocupaciones nacionales. Esto no significa de ninguna manera que a los argentinos no les importe la educación; la sociedad la sigue percibiendo como un bien social valioso. Lo que sucede es que existen otras urgencias estructurales y problemáticas cotidianas que aparecen muy por encima en la escala de prioridades, como la crisis económica, la inflación o la inseguridad«, explicó Inés Insua al inicio del reportaje.
«Cuando nos comparamos con la región, vemos que en América Latina el promedio de preocupación por la educación se ubica en el 3,4%, situándose en el noveno lugar de un total de 46 problemas relevados. La Argentina está sutilmente por encima de esa media regional, pero sigue siendo un porcentaje marginal si se lo compara con países como Brasil o Uruguay, donde la educación sí logra consolidarse dentro del ‘top 5’ de las prioridades de sus ciudadanos», precisó.
La brecha socioeconómica y la trampa de la subsistencia diaria
El desinterés aparente de los sectores más postergados no responde a una pauta cultural, sino a la imposibilidad fáctica de planificar proyectos cuyos retornos solo son visibles a largo plazo. «Al desglosar el informe por sectores etarios, género o nivel socioeconómico, no encontramos diferencias que sean estadísticamente significativas en las primeras variables; de hecho, la preocupación es levemente superior en jóvenes y adultos, pero sin marcar una tendencia concluyente. La única variable estadísticamente significativa que arroja el estudio es la brecha socioeconómica. En ese sentido, la preocupación por el estado de la educación aumenta de manera directamente proporcional a medida que mejora el nivel de ingresos de los encuestados«, señaló la referente del observatorio.
«Es fundamental aclarar que esto no se traduce como una falta de interés de los sectores más vulnerables hacia la escuela de sus hijos. La hipótesis técnica que manejamos es que la urgencia por la subsistencia diaria —garantizar el alimento, el techo y el trabajo en el día a día— se impone de forma obligatoria por sobre una planificación a futuro. La educación es, por definición, una inversión que trae soluciones de largo plazo, y cuando un hogar está sumergido en la vulnerabilidad, resulta casi imposible desviar la atención de la emergencia del presente», argumentó.
La deserción y el año escolar perdido en la primaria
Las deficiencias del sistema educativo se acumulan de manera cronológica y sistemática desde el inicio mismo de la escolaridad formal, consolidando un proceso de exclusión invisible para el debate político tradicional, que suele concentrarse solo en las crisis de la educación media. El primer indicador contundente de este desgaste se observa en el filtro de la secundaria: de cada 100 estudiantes que iniciaron su escolaridad primaria en el año 2013 en el país, solamente 10 lograron llegar al final de la escuela secundaria en el tiempo teórico esperado de 12 años de cursado obligatorio, logrando además alcanzar niveles de desempeño satisfactorios o avanzados en áreas troncales para el aprendizaje como Lengua y Matemática. Esto significa que el 90% de los alumnos queda descalificado o rezagado en el camino.
A este desgranamiento estructural se le suma el fenómeno del ausentismo crónico, un factor de abandono intermitente que pasa desapercibido en las estadísticas generales de matriculación. El informe específico sobre Tiempo Escolar desarrollado por el observatorio revela que, si se acumulan minuciosamente los días de ausentismo de los alumnos a lo largo de todo el ciclo primario por diversas razones logísticas, climáticas o familiares, la medida nacional arroja una pérdida neta equivalente a 195 días de clase efectivos, una cifra que supera ampliamente los calendarios escolares vigentes.
Esta alarmante pérdida de días se traduce de forma directa en un año menos de escuela real para los sectores populares. «Esa acumulación estadística significa, ni más ni menos, que los chicos terminan la escuela primaria habiendo cursado un año entero menos de escolaridad real que lo estipulado por las normativas vigentes», advirtió la vocera Inés Insua.
Tras analizar todas estas variables, el fracaso de la escuela secundaria no es un problema de diseño del nivel medio, sino la consecuencia directa de una escuela primaria que egresa alumnos sin las competencias de lectoescritura básicas y con un déficit de presencialidad acumulado que vuelve irreversible la brecha pedagógica.
Universidades exclusivas por deficiencia de la base escolar
Debido a las graves deficiencias de la escuela media, los estudiantes egresan sin los conocimientos esenciales para enfrentar carreras terciarias o universitarias, convirtiendo a los estudios superiores en un privilegio de pocos. «Las estadísticas demuestran que solo el 20% de la población adulta en la Argentina cuenta con estudios universitarios completos. En un sistema educativo que está estructuralmente quebrado, la universidad se termina convirtiendo en un espacio exclusivo. Esto no ocurre por una búsqueda deliberada de exclusión por parte de las instituciones superiores, sino porque transitar y sobrevivir a una carrera de grado viniendo de una escuela media con bases tan poco sólidas es una tarea titánica. Son problemas acumulativos. Si un niño no adquiere las competencias estructurales básicas en Lengua y Matemática durante la primaria y la secundaria, todo el conocimiento académico que se intente incorporar por encima de eso se vuelve infinitamente más complejo», consideró Insua.
«Cuando combinas esas deficiencias pedagógicas con las necesidades socioeconómicas de salir a trabajar para subsistir, la educación universitaria se vuelve sencillamente inaccesible para la mayoría del país. Si la sociedad no coloca la crisis educativa en el primer lugar de la agenda pública, será imposible reclamar por el presupuesto necesario y ejecutar las reformas de fondo para empezar a construir futuro», expresó al cierre de la entrevista.







