Giuliana todavía se acuerda del auto. No del color exacto ni de la patente. Se acuerda de la sensación. Del ruido de la música, del baúl abierto, de ese Honda Civic que parecía famoso en Rosario y del chico que manejaba como si el mundo entero lo estuviera mirando.
Ella tenía 13 años y estaba en séptimo grado. Había ido con amigos al camping por el Día de la Primavera cuando lo vio pasar. “Casi me desmayo, me encantó”, dice hoy, entre risas. Pocas sensaciones son tan agradables como recordar la primera vez que viste a alguien que amás.
Él era Fabián, cinco años mayor, conocido en la ciudad por el “Fabi Civic”. Giuliana, una adolescente de carácter fuerte que todavía no imaginaba que ese chico, “todo fachero”, iba a convertirse en el hombre de su vida.
Dos años después volvieron a encontrarse en el Club Río Negro de Rosario. Compartían amigos, tardes alrededor del kiosco del club y reuniones eternas donde se tomaban una Coca-Cola, un jugo y se hablaba de cualquier cosa.

La noche que cambió todo ocurrió después de un cumpleaños de 15. Abril de 2010. Mientras el mundo se preparaba para el nacimiento de la era táctil con el primer lanzamiento del iPad, en Rosario un grupo de amigos terminó reunido en la casa de Juanchi, el mejor amigo de Giuliana. Eran las típicas madrugadas adolescentes: facturas, mates, música y conversaciones que parecían no terminar.
Fabián entró a la casa y la vio con una camiseta de Rosario Central. “Me enamoré”, le confesó después. Lo que siguió fue una charla de horas. Hablaron de autos, una pasión que Giuliana heredó de su padre, fanático de los fierros y criador de tres hijas que aprendieron a amar los motores como si hubieran nacido en un taller.
Hablaron hasta las 10 de la mañana. “Y desde ahí nunca más nos separamos”. Ella tenía 15 años. Él, 20.
Giuliana todavía estaba en la secundaria y Fabián ya trabajaba viajando entre Rosario y Córdoba, donde tenía una verdulería. Los lunes se iba y volvía los jueves. Apenas regresaba, ella inventaba excusas para escaparse a dormir a su casa.
A sus padres les había inventado una “mentirita piadosa”: les dijo que Fabián tenía un año menos. “Se me complicaba sostener la mentira porque mi cuñado tiene casi la misma edad que él”, recuerda. Pero, en una ciudad donde todos se conocen, enseguida la verdad salió a la luz. Y lejos de oponerse, la familia terminó enamorándose de él. “Mis papás lo aman. Si discutimos, dicen que la loca soy yo”, cuenta Giuliana.

Habla de Fabián como quien describe su lugar en el mundo. “Siempre me trató como una reina. Es dulce, caballero, bueno. Él siempre prioriza que nosotras estemos bien”. Giuliana dice que durante 16 años no hubo un solo día en el que él no la hiciera sentir “la adolescente, la mujer, la mamá y la persona más maravillosa del mundo”. Y asegura: “Solo nosotros sabemos todas las batallas que pasamos”. Porque aunque atravesaron pérdidas, mudanzas, problemas económicos y proyectos agotadores, hay algo que ella repite varias veces mientras habla: nunca dejaron de admirarse.
En 2013, mientras estudiaba Abogacía, Giuliana quedó embarazada. Tenía 18 años. Esperaban a Camilo. Pero el embarazo se volvió de alto riesgo. A mitad de camino le descubrieron trombofilia: una condición que comenzó a afectar la placenta y dejó al bebé sin el alimento necesario para crecer.
Giuliana pasó meses enteros entre estudios, ecografías y pinchazos en la panza. “Lunes, miércoles y viernes tenía ecografías. Martes me controlaban otra cosa. Vivíamos en médicos”. Camilo nació prematuro en mayo de 2014. “Vive una semana y fallece”, anuncia, sin darse cuenta, hablando en tiempo presente. Porque hay penas que aunque se aceptan jamás se abandonan.
El dolor fue devastador. “Me quería morir”, admite y, como puede, sigue: “Sentía que tenía el cuerpo vacío, los brazos vacíos, la casa vacía, el alma vacía”. Había una cuna armada, ropa doblada, una habitación esperando a un bebé, su hijo, que ya no estaba. “Yo era mamá y no tenía ese bebé. Y en octubre era el día de la madre, y yo era madre y me decían, ‘Feliz día’, pero, ¿viste?”, insiste con alta angustia tratando de explicar lo imposible: el desgarro absoluto. Hay emociones que solo se pueden entender una vez vividas y, aun así, son indescifrables.
Y ahí donde la pena más grande se presenta, justo ahí, es donde el amor entra en jaque. “Eso nos unió muchísimo más”, admite con el semblante lleno de esperanza. Mientras ella se derrumbaba, Fabián se convertía en sostén. “Él también tenía su dolor, pero siempre me priorizaba a mí”. Porque el amor es algo así como mirarse y darse vida.

Una docena de años después, Giuliana todavía se emociona al pensar en esa época. Dice que Fabián nunca fue un hombre de quedarse quieto preguntándose “qué hubiera pasado si…”. Que incluso en los momentos más oscuros siempre encontraba una manera de seguir. “Él le busca lo bueno a todo”, resume.
Poco después empezaron a transformar una casa que les regalaron los padres de Fabián. Demolían pisos, levantaban tierra, lijaban paredes. Giuliana hacía fuerza con una faja puesta apenas dos meses después de la cesárea. “No podíamos quedarnos quietos. Necesitábamos hacer algo con todo ese dolor. La desesperación de tener un hijo, de ese bebé que no estuvo, de todo lo que nos habíamos armado, nos movilizó a seguir”.
Así empezaron una dinámica que todavía hoy define a la pareja: mates de madrugada, proyectos eternos y los dos trabajando codo a codo. “Nosotros siempre le pusimos cuerpo y alma a todo”. Ella alcanzándole herramientas. Él imaginando siempre la próxima idea. “Somos muy pegados. Muy de construir juntos”.
Un año más tarde viajaron por los 15 de sus hermanas mellizas a Disney con toda la familia. “Me traje ropita y cosas porque yo iba a buscar”, dice y enseguida se corrige: “Yo iba a tener un hijo”. Giuliana volvió convencida: iba a volver a ser mamá. ¿Hay algo más poderoso que la fe?

Así, en junio de 2015 quedó embarazada. Y en 2016 nació Amparo. “Nuestra bebé arcoíris”, la define Giuliana. La que llenó la casa de alegría, que vino a iluminarlo todo. Diez años después, sigue siendo “la nena dulce y compañera que desarma a toda la familia”.
A los tres años llegó otra hermosa sorpresa: Rufina. “Las nenas se derriten por él y él por ellas”, cuenta sobre Fabián como padre, y la voz se le quiebra. Lo describe abriéndoles la puerta del auto para que bajen primero, dándoles besos antes de dormir, preparando desayunos, haciendo castillos en la arena durante horas y mirándolas con “un brillo en los ojos” que todavía la conmueve.
Giuliana conecta todo con señales y números. El 7 aparece una y otra vez en su historia. Su abuela Miriam, una figura central en su vida, había muerto un 7 de enero. Giuliana descubrió que estaba embarazada de Rufina un 7 de agosto. Y la beba nació un 7 de abril. “Yo soy muy de conectar todo”, explica. Pero lo que no sabe es que el número 7 en algunas culturas significa la completud. Nada es casualidad.
Mientras tanto, el amor entre ella y Fabián seguía creciendo en pequeños gestos cotidianos. Ella soñaba desde chica con un auto: un New Beetle rosa, inspirado en el escarabajo que su papá le había regalado cuando tenía apenas tres años.
Durante años parecía imposible. Primero estaba la casa. Después los negocios. Después las prioridades de la familia. Hasta que una noche de abril de 2023, diez días después de celebrar 13 años juntos, Fabián llegó con una sorpresa.
El momento en el que Fabián le pidió matrimonio a Giuliana. (Video: gentileza Giuliana y Fabián)
Todos sabían menos ella. Cuando abrió la puerta, vio el New Beetle estacionado afuera, lleno de globos. Giuliana lloró antes incluso de entender lo que estaba pasando.
Pero lo mejor era lo que estaba adentro: abrió el baúl y salieron tres globos que representaban a sus tres hijos. Debajo estaba el anillo. “Se me aflojaron las piernas”, recuerda. Sintió que toda su historia estaba ahí adentro: los tres hijos simbolizados en globos, el auto que había soñado toda la vida y el hombre que “siempre encuentra la manera de cumplirle los sueños”.
Sus hijas gritaban arriba del auto, “¡Papi, pedile casamiento como un príncipe!”, mientras Fabián, nervioso, se arrodillaba para pedirle casamiento. Se casaron el 2 de diciembre de 2023. Y unos meses más tarde se mudaron a Roldán, donde hoy viven junto a Amparo y Rufina.
Siguen trabajando juntos. Ella tiene una marca de ropa. Él continúa con sus negocios. Hace poco abrieron un enorme local donde también planean montar un bar. “Hace meses que vivimos entre tornillos, mates y trabajo”, dice Giuliana. Él trabaja todo el día y después ambos siguen construyendo el bar hasta la madrugada. “Yo soy su copilota de vida”, dice Giuliana. Y aunque muchas veces terminan agotados, hay algo que no cambió desde aquella madrugada adolescente hablando de autos: siguen haciendo todo juntos.

En abril cumplieron 16 años de relación. Son 5843 días compartidos. Cuando Giuliana hizo la cuenta para escribirle una carta de aniversario, descubrió que no encontraba uno solo en el que Fabián no la hubiera hecho sentir especial. “Me hizo sentir la adolescente, la mujer, la mamá y la persona más maravillosa del mundo”, escribió.
Pero aprendieron algo. Después de tantos años focalizados en obras, proyectos y cuentas, decidieron empezar a primar los viajes y el tiempo juntos. Por ejemplo, Disney ocupa un lugar especial en la historia familiar. Allí Giuliana volvió a animarse a soñar después de perder a Camilo. Allí también entendió que todavía podía ser feliz.
Hace poco, mientras sonaban canciones de Disney en la cocina de su casa, Giuliana se quebró llorando. Fabián la abrazó en silencio. “Él es mi paz”, dice.
Y enseguida enumera todo lo que admira de él: que sea caballero, dulce, obsesivo de los detalles, incapaz de rendirse y siempre dispuesto a cuidar a los demás antes que a sí mismo. Hasta que explica lo que resume toda la historia: “No me gusta que la gente me abrace. Pero en sus brazos yo me desarmo”.

Después de 16 años juntos, de la llegada y la partida de Camilo, de dos hijas, de casas construidas a pulmón, de negocios, viajes, pérdidas y sueños cumplidos, Giuliana sigue sintiendo exactamente lo mismo que aquella tarde en que vio pasar un Honda Civic por un camping de Rosario.
Porque cuando menos te lo esperás, hay amores que llegan para quedarse toda la vida.
Fuente: TN.
Amores Verdaderos es una serie de historias reales, contadas por sus protagonistas a TN. En algunas de ellas, los nombres serán cambiados para proteger su identidad y las fotos, ilustrativas.







