El departamento de Lavalle volvió a convertirse en el epicentro del vino de pequeña escala con la realización de la 7ª edición del Concurso de Vino Casero y Artesanal, un certamen que ya se ganó un lugar propio en el calendario vitivinícola de Mendoza.
La actividad contó con la evaluación de 17 degustadores especializados, representantes de instituciones como el Centro de Enólogos de Mendoza, INTA, Asociación de Vinos Caseros, Instituto Don Bosco, UTN, Universidad Maza y el INV, entre otras.
El concurso fue organizado por la Asociación de Elaboradores de Vino Casero de Lavalle en articulación con el Instituto Nacional de Vitivinicultura, y arrojó resultados que volvieron a confirmar el gran nivel que tiene la vitivinicultura artesanal en la región.

En ese marco, San Rafael volvió a decir presente con fuerza, consolidándose como uno de los grandes referentes del sector. El departamento cuenta actualmente con 254 productores de vino casero y 32 elaboradores artesanales registrados, concentrando una porción clave de la vitivinicultura mendocina en pequeña escala.
PRESENCIA SANRAFAELINA ENTRE LOS PREMIADOS
Entre los vinos distinguidos, tres elaboraciones de San Rafael lograron subirse al podio, tanto en la categoría de vinos caseros como en la de artesanales.
En Vinos Caseros, la sanrafaelina María del Pilar Romera obtuvo el Racimo de Oro 2025, destacándose entre productores de distintas provincias.

En tanto, en Vinos Artesanales, Narciso Othar recibió doble reconocimiento por sus elaboraciones (Malbec 2024 con Racimo de Oro y Bonarda 2024 con Racimo de Plata). Además, Pablo Sebastián Salvarredi, logró el Racimo de Plata 2025 con su Malbec 2024, reafirmando el buen momento que atraviesa la producción local.
UN CERTAMEN QUE SIGUE CRECIENDO
El concurso reunió muestras de distintas provincias argentinas y también del exterior, con vinos provenientes de Mendoza, Córdoba, La Rioja, San Juan, Uruguay y Chile, reflejando el crecimiento y la diversidad del movimiento de elaboradores caseros y artesanales.
Más allá de los premios, el certamen volvió a poner en valor el trabajo paciente y apasionado de quienes hacen vino a pequeña escala, cuidando la identidad de cada terruño. Y en ese mapa, San Rafael sigue jugando en primera, con productores que combinan tradición, conocimiento y mucho oficio.



