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¿Michael Jackson fue un abusador?: Neverland, el día que la policía lo desnudó y las pruebas del juicio

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El hombre más famoso del mundo acusado del delito más grave.

Noviembre de 2003. Decenas de policías de Santa Barbara ingresan a Neverland, la fastuosa propiedad de Michael Jackson. Tienen una orden de allanamiento. Revisan cada rincón de la propiedad. El cantante y su familia no están. Los policías trabajan. Nadie sabe bien qué sucede. Pero lo sospechan. Otra vez Michael Jackson era acusado de abuso de menores.

En el allanamiento encontraron pornografía, fotos de adolescentes desnudos, material de sadomasoquismo, fotos de niños sin ropas y libros con imágenes de desnudez y/o sexuales. Todo en el lugar que el joven denunciante había señalado.

También se halló una especie de armario secreto en el cuarto de Michael Jackson. Luego de encontrar la puerta oculta y lograr abrir las tres llaves que tenía se pasaba a un lugar que era como una pequeña habitación abarrotada de objetos, juegos, ropas, muñecos y libros para niños. Los investigadores creen que se utilizaba para seducir a los menores de edad. En el altillo estaba la habitación de Jackson, la cama, el acolchado plateado y otras dependencias eran idénticas a cómo las había descrito Gavin Arvizo la víctima, en su declaración.

Hasta su muerte en el 2009, Jackson había logrado eludir cada acusación que se le hiciera sobre abusos a menores. A pesar de que las denuncias eran variadas, coincidentes y convincentes ninguna tuvo condena penal. El devenir de las causas fue disímil.

Michael Jackson en su concierto en el estadio Parc des Prince en Francia en 1988. (Foto: AFP)
Michael Jackson en su concierto en el estadio Parc des Prince en Francia en 1988. (Foto: AFP)

La noticia de ese allanamiento se filtró muy rápido a la prensa, que rodeó Neverland. El paradero de Jackson era desconocido. El tema se instaló como una virtual cadena nacional en televisión. Los rumores eran múltiples. Hasta que unas horas después se presentó ante el juez. Fue informado de la acusación que pesaba sobre él, realizó unos trámites y volvió a salir bajo fianza. Afuera se había juntado una multitud. Adelante los periodistas desesperados por unas declaraciones; detrás, los fans desbocados. Jackson salió muy rápido, escoltado por guardaespaldas. Pero cuando estaba por entrar a la camioneta que lo había trasladado, cambió de idea. Se subió al techo del vehículo y, como si estuviera en un escenario, como si se tratara de un show, saludó durante varios minutos con el brazo en alto.

La acusación que pesaba sobre él era muy grave. El fiscal presentó diez cargos en su contra por el abuso de un menor, de un pre adolescente llamado Gavin Arvizo, al que le había hecho consumir material pornográfico, le había proporcionado alcohol y luego lo había abusado.

La gente conocía a Gavin Arvizo. Era el niño que había aparecido tomado de la mano de Michael en el documental Living with Michael Jackson, emitido en la televisión inglesa durante ese 2003 y presentado por Michael Bashir. La emisión tuvo alto rating y provocó un pequeño escándalo. Bashir y su equipo estuvieron varios meses con la estrella pop. Mostraba los juegos del parque de diversiones que Jackson había montado en Neverland, encendidos y funcionando sólo para él, una excursión por una casa de antigüedades en la que señalaba jarrones, arañas, mesas y esculturas al grito de “Me lo llevo, me lo llevo, me lo llevo”.En otra de las escenas se veía a Jackson junto a Gavin, de 13 años. Contaba su historia: el chico había tenido cáncer y Michael había pagado el tratamiento. La familia Arvizo se había mudado a Neverland. En ese momento, Michael Jackson contó que dormían juntos en la misma cama, mientras la cámara hacía un primer plano de las manos de ambos con los dedos entrelazados. El entrevistador le preguntó si eso no le parecía raro. Jackson aclaró, rápido, que no había nada sexual y su gesto se endureció.

Michael Jackson junto a su esposa Lisa-Marie Presley saludando niños en Budapest. (Foto: AFP)
Michael Jackson junto a su esposa Lisa-Marie Presley saludando niños en Budapest. (Foto: AFP)

Tras su emisión el documental dio mucho que hablar y se recordaron las denuncias previas que había tenido Jackson por conductas impropias con menores.

Cuando meses después los Arvizo lo denunciaron y la policía y la justicia de Los Ángeles actuaron, todos pensaron que había llegado el fin de la carrera de Jackson.

Este caso regresó a la conversación pública porque pocos días atrás Netflix estrenó Michael Jackson: El Veredicto, una miniserie documental de tres episodiosen la que se narra el juicio por abuso de menores que se llevó contra el Rey del Pop en 2005. Hay imágenes de archivo y muchos testimonios actuales mostrando tanto las posiciones de los denunciantes como los argumentos de la defensa.

El juicio empezó un año después del allanamiento y la detención. El primer día, afuera del tribunal había decenas de móviles televisivos y miles de fans que vivaban a Michael y gritaban hasta quedarse sin voz que era inocente. El juez prohibió que se televisaran las audiencias.Los cronistas salían corriendo a la calle apenas terminaba la jornada para contar lo sucedido. Había programas especiales diarios que recreaban los testimonios de los testigos e iban analizando hora por hora si Jackson estaba más complicado o si abogado defensor había mejorado su situación.

El documental exhibe el doloroso video del chico contando en una comisaría por primera vez a los investigadores el abuso que había sufrido en Neverland.

Michael Jackson en el aeropuerto con el director Spike Lee y dos niños. (Foto: AFP)
Michael Jackson en el aeropuerto con el director Spike Lee y dos niños. (Foto: AFP)

En una de las primeras audiencias declaró el hermano de Arvin. El abogado defensor lo atacó con fiereza, tratando de poner en tela de juicio el testimonio. El día que iba a declarar la víctima, Michael Jackson no se presentó en horario en la sala. Dijo estar hospitalizado. El juez lo conminó a presentarse en el plazo perentorio de una hora. Si no lo hacía, quedaría detenido. Pasada esa hora, Jackson llegó al tribunal. Estaba en pantuflas y con pijama. Parecía un zombie: la mirada perdida, el paso vacilante, la cara sin expresión. El día más difícil, en el que debía enfrentar a su acusador, se presentó como una víctima y extremando su debilidad.

Gavin declaró y describió lo que había sucedido entre ellos, lo que Jackson había hecho con él, y cada uno de los lugares de la mansión en que sucedieron los abusos. Otra vez el defensor pasó al ataque. Interrogatorios tensos y agresivos, despiadados, tratando de desequilibrar al chicos procurando que se contradijera.

Los fiscales pidieron que se incorporaran al proceso los testimonios de denuncias anteriores.El magistrado lo permitió.

Así se recordó el caso de Jordy Chandler. El primer gran escándalo que sucedió en 1993. Hacía una década que Michael Jackson era el Rey del Pop. Se encontraba de gira por todo el mundo presentando Dangerous. Mientras Jackson estaba en Bangkok, una denuncia ante la policía produjo un cimbronazo en su mundo privado.

La familia de Jordy Chandler, un chico con el que se solía mostrar en público, lo acusaba de haber abusado de él. La policía allanó por primera vez Neverland.

Cuando Michael, horas antes de presentarse ante el público en Tailandia, se enteró del procedimiento estrelló el teléfono contra una pared y destrozó todo el mobiliario de la habitación, a la usanza de otro tipo de estrella del mundo de la música. La gira se suspendió por un tiempo. Algunos sponsors se bajaron. Y el caso, sus intimidades, rumores y versiones extraoficiales llegaron a las portadas de los diarios. Michael Jackson pasó a ser un habitué de las tapas de los tabloides ya no por sus excentricidades sino por un posible grave delito.

Estaba acusado de conductas impropias y de abusos a menores de edad. La primera reacción fue de incredulidad. Nadie daba crédito a las imputaciones. La defensa fue básica y sencilla. Se trataba de una burda extorsión a la persona más famosa del planeta. Esa fue su defensa y ese fue el plausible argumento que repitieron los medios.

Michael Jackson puso al mando a un investigador privado inescrupuloso que repartía grabaciones ilegales del padre de Jordy Chandler a la prensa. Los grandes medios, la industria y la familia Jackson salieron en masa a apoyar al cantante. Hubo una excepción: LaToya Jackson dijo en cada entrevista -y después de que lo dijo la primera vez estas se multiplicaron exponencialmente- que su hermano era un pedófilo (muchos años después se retractó y le echó la culpa a su ex marido, que en ese entonces ya había muerto).

Los abogados del cantante hicieron una oferta inicial de 350 mil dólares que fue rechazada por la familia Chandler, que para esa época -la época en que los dólares andaban merodeando- ya se había puesto de acuerdo en el accionar conjunto. En sede civil la demanda fue interpuesta por ataques sexuales, conducta impropia, daño psicológico, seducción, fraude y negligencia.

Michael Jackson con niños saludando a fans desde el balcón de una habitación en suite de EuroDisney. (Foto: AFP)
Michael Jackson con niños saludando a fans desde el balcón de una habitación en suite de EuroDisney. (Foto: AFP)

Mientras la defensa de Jackson conseguía testimonios de chicos y de sus familiares que sostenían que sólo pasaban gratos momentos con el cantante sin ninguna connotación sexual, los abogados de los Chandler consiguieron dos elementos que cambiaron el panorama. Por un lado un importante psiquiatra infantil luego de escuchar el testimonio de Jordy presentó un dictamen sosteniendo que era muy probable que el abuso hubiera existido. Jordan afirmó que hubo masturbación, sexo oral y besos en la boca y en las tetillas (escenas muy similares narró Gavin una década después). Por el otro, consiguieron que el juez ordene una strip search. Que oficiales de la policía le saquen fotos a Michael de su pene, de su ano, de sus nalgas y de sus caderas para certificar si respondían a las descripciones realizadas por el pequeño Jordy.

Naturalmente una vez ordenada la medida judicial, el revuelo mediático conoció nuevas cumbres. Todos tenían algo para decir. Y mientras algunos sostenían que las fotos demostraban que todo era un invento, peritos relacionados con la causa sostenían que las descripciones del chico de 13 años coincidían con lo visto en las fotografías. Michael Jackson salió a hacer una declaración en video que los canales de todo el mundo pasaron en loop. Con su tono afectado, con la voz finita y simulando tranquilidad e indignación, Jackson clamó por su inocencia y se victimizó por la vejación que sufrió al tener que desnudarse y dejarse fotografiar por los oficiales judiciales. Al día siguiente pareció que la táctica defensiva había sido más que exitosa. Las encuestas mostraban que el 75% de la población de Estados Unidos le creía. Sin embargo, seis meses después de la primera oferta por 350 mil dólares, las partes llegaron a un acuerdo. Pero la cifra era diferente. Era una suma monstruosa: 23 millones de dólares. 15 millones en un fideicomiso para Jordy, 1.5 para cada uno de sus progenitores y 5 para los abogados.El acuerdo, como todo arreglo extrajudicial en cualquier parte del mundo, indicaba que el pago no significaba asumir ningún tipo de culpabilidad ni reconocimiento de los hechos y establecía un pacto de confidencialidad. Unas semanas después la acción penal se cayó porque los denunciantes, la familia Chandler, dejó de impulsarla. Los amigos más cercanos del músico (en ese tiempo su vocera ad hoc era Liz Taylor) y su familia justificaron el arreglo amparándose en los problemas de salud de Michael (había reconocido una adicción a los analgésicos) y que cerrar el caso le permitiría terminar con la incertidumbre y reponerse.

Pero en el nuevo contexto del juicio por el caso Arvizo, estas conductas y las sufridas por otros 4 chicos, demostrarían un perfil criminal de Jackson que lo describirían como un delincuente sexual que solía repetir los hechos, algo habitual en los que cometen delitos sexuales. O al menos eso pretendía mostrar la fiscalía.

La defensa (en el sentido amplio, no sólo la legal) de Michael Jackson sostuvo, no sin razón, que los videos o revistas pornográficas no indicaban nada, ni siquiera podían levantar sospecha sobre alguien. En esos años cualquiera podía tener en su casa ese tipo material. Pero lo que no decían los defensores es que en el juicio se probó que las revistas tenían las huellas dactilares de Jackson, del denunciante y de su hermano menor; lo que indicaría que el músico habría visto las revistas con ellos.

La tesis de los investigadores era que Michael Jackson tenía todo este material para utilizarlo con las víctimas a modo de grooming. Ya sea con juguetes o con material gráfico sexual. También se lo acusó de proporcionarles bebidas alcohólicas a los menores para conseguir sus fines. Gavin habló de masturbaciones, sexo oral practicado por Jackson, duchas juntos, noches en la misma cama.

Algunos ex empleados de Neverland se animaron a declarar en el juicio. Afirmaron que los vieron juntos desnudos en la ducha y alguien afirmó que vio a Jackson metiendo la mano dentro del pantalón a Macaulay Culkin mientras se entretenían con el videojuego de Thriller. El abogado trató de derribar los argumentos afirmando que los empleados hablaban por despecho y por venganza porque habían sido echados de su trabajo.

En esa audiencias quedó al desnudo la cadena de complicidades, silencios y negligencias en el círculo de los menores y del músico. La fascinación de la fama, la impunidad del poder, que permitieron ese juego de pinzas y de lenta seducción. Y de desamparo.

Propagandas del nuevo disco de Michael Jackson en 1989, Shangai. (Foto: AFP)
Propagandas del nuevo disco de Michael Jackson en 1989, Shangai. (Foto: AFP)

Ese esquema de poder, ceguera y permisividad queda explícito en la tercera gran estación de esta historia de abusos, el documental Leaving Neverland. En él dos hombres, Wade Robson y James Safechuck, cuentan con crudeza, sin adjetivaciones, explícita y detalladamente cómo fueron abusados durante años por la estrella mundial cuando ellos eran niños. Ese documental es estremecedor. Todo aquello que parecían acusaciones desconectadas entre sí, que podían sospecharse de oportunistas, encuentran aquí un sistema. Un esquema de acción que se repetía caso a caso, calcado. Un accionar sistemático de abusos, un plan pedófilo urdido por la mayor estrella del espectáculo.

Alguien en Michael Jackson El Veredicto dice que era como un ciclo que se repetía con constancia: los chicos llegaban prepúberes, Jackson se ganaba su confianza, los padres encandilados relajaban los controles, el acercamiento era mucho más estrecho, se producían los abusos, los chicos entraban decididamente en la adolescencia y crecían y se alejaban. Y en su lugar ingresaba otro.

La historia siempre empezaba igual. El descubrimiento fortuito de un chico en un show, una filmación o algún evento. Luego el acercamiento a la familia.Jackson frecuentaba sus casas, llamaba por teléfono, cotejaba a las madres, invitaba a todo el grupo familiar (hermanitos menores y abuelas incluidos) a Neverland o a algún viaje. Juegos con los chicos. Luego regalos y más regalos. Las primeras veces que invitaba a dormir a los chicos, sus padres estaban en la habitación de al lado. Luego los llevaba de gira y, siempre, las habitaciones de los padres se iban alejando cada vez más de la de Jackson hasta terminar en otro piso. Ahí empezaban las actividades sexuales que eran también, como el plan de seducción, progresivas. Besos, caricias, tocamientos, sexo oral y hasta intentos de penetración. Luego, la parte final de este sistema: el alejamiento de los chicos, el abandono.Eso era imprescindible para que la rueda volviera a girar y una nueva víctima apareciera y todo el engranaje perverso volviera a ponerse en marcha.

En el juicio por el Caso Arvizo, los testimonios principales presentados por la defensa de El Rey del Pop eran de chicos, entre ellos los que después lo denunciaron en Leaving Neverland.

La gente estaba acostumbrada a las excentricidades de Michael Jackson. Pedidos desmedidos, tigres en el living, cientos de cirugías plásticas, la reclusión, los problemas de maduración, cambio de color en la piel. Ir acompañado por niños a todos lados (sin sus padres), dormir con ellos, rodearse solamente de ellos, fue asumido como otra excentricidad.

Pero la suma de testimonios y su contundencia convirtió lo extravagante en algo sórdido, patológico, delictivo. El mundo no quiso ver lo evidente. Los discos de platino, los millones, las giras mundiales, los bailes celestiales impidieron que se viera más allá. El poder cegador y enmascarador de la fama. Michael Jackson, un hombre dañado, podía dañar niños escudado en su impunidad de superestrella. Todo un sistema de complicidades se ponía en marcha. El temor, la seducción de la fama o el dinero cobijaban a los encubridores.

Michael Jackson cantando "Startin' Something" en su primer concierto en Japón en 1987. (Foto: AFP)
Michael Jackson cantando «Startin’ Something» en su primer concierto en Japón en 1987. (Foto: AFP)

Todavía hoy hay quienes niegan estos señalamientos, quienes consideran que detrás de las acusaciones -que ya no pueden tener persecución penal por la muerte del artista- solo hay una campaña de desprestigio. Son, nunca mejor utilizada la palabra, los fanáticos. Las revelaciones de los últimos años, los testimonios concordantes y estremecedores, los indicios que se acumulan, las denuncias de sus víctimas no dejan demasiado espacio para la duda.

Michael Jackson fue absuelto en el juicio en su contra por los abusos a Gavin Arvizu. El jurado consideró que la fiscalía no había logrado probar que habían existido los crímenes, que los testimonios de los chicos y la prueba colectada no demostraba de manera fehaciente la culpabilidad del cantante. Algunos consideran que el jurado quedó deslumbrado por el status de súper estrella de Jackson.

Neverland, bautizada así en homenaje a Peter Pan, nació con la ambición de ser un paraíso infantil. Allí, entre vueltas al mundo, calesitas, animales, autitos chocadores, máquinas de copos de azúcar y manzanas acarameladas, chicos con enfermedades graves o con carencias significativas, pasarían un buen momento, encontrarían diversión y un descanso a sus males. Pero rápidamente se convirtió en un infierno.

Esos juegos diseñados para el esparcimiento y para el sano e ingenuo entretenimiento, se transformaron en la coartada para atraer víctimas, en la mascarada para que sufran delitos atroces. El allanamiento a esa supuesta tierra de fantasía es un punto de quiebre en la historia de Michael Jackson. A partir de ese momento su caída fue imparable.

Michael, la película biográfica que se estrenó pocos meses atrás y se convirtió en éxito en la taquilla mundial, evita meterse en estas cuestiones, no hace ninguna mención a las denuncias, a los acuerdos extrajudiciales ni al juicio y su posterior absolución.

Un dato final. Como una poco trabajada metáfora, Neverland ya no se llama así. Ahora es Sycamore Valley Ranch.

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