El avistamiento de aves en Valle Grande ha despertado un compromiso inédito en la comunidad sanrafaelina. Ángel Napoleón, guardaparque y referente en la zona, detalló el minucioso seguimiento de un ejemplar de cóndor andino rescatado y el rol fundamental del Jote Cabeza Colorada en el ecosistema. «La gente se está involucrando mucho en la defensa de la fauna, y eso es lo más positivo de este proceso», afirmó en diálogo con FM Vos 94.5.
La labor del cuerpo de guardaparques municipales en Valle Grande funciona como un brazo auxiliar de la provincia y de fundaciones especializadas, formando una red de protección ambiental que hoy da sus frutos. «Nosotros somos auxiliares de Fauna de la Provincia de Mendoza. La Fundación Cullunche realizó una tarea de rescate espectacular con este cóndor que estaba herido; fue recuperado y vuelto a reinsertar en enero», confirmó Napoleón al comienzo de la entrevista. «Al principio tuvo un comportamiento extraño, no quería volar lejos del lugar de rescate. Nos preocupaba porque había adultos que no lo dejaban estar en ciertos sectores, ya que los cóndores son muy territoriales. Por eso, el monitoreo es permanente entre nosotros, las empresas turísticas, la fundación y Bioandina», agregó.
El «Condorito» de Valle Grande: entre la libertad y la domesticación
Uno de los mayores desafíos que enfrentan los especialistas en Valle Grande es garantizar que el ejemplar juvenil de cóndor mantenga su instinto de supervivencia frente a la creciente afluencia turística en la zona. Para el cuerpo de guardaparques, el riesgo de la alimentación por parte de terceros es la principal amenaza para el ave. «Tenemos miedo de que la gente empiece a alimentarlo por curiosidad o para atraerlo. Los cóndores son carroñeros, no cazadores, y si encuentran algo interesante seguramente se van a arrimar. Es vital que no los alimenten ni los llamen a la orilla de la ruta; deben mantener la alimentación natural que les corresponde para no acostumbrarse a la domesticación», advirtió Ángel Napoleón.
Para contrarrestar este acercamiento peligroso a las zonas urbanizadas, se aplican técnicas de desaliento sonoro. «Utilizamos elementos sonoros, como la sirena de los handies, para generar un ruido que el animal identifique como una señal de que ese no es el lugar donde debe estar. Es un proceso de aprendizaje necesario para que el cóndor comprenda los límites de su hábitat y se mantenga a salvo de los riesgos de la ruta», explicó el guardaparque. Afortunadamente, los últimos monitoreos muestran avances positivos en su comportamiento silvestre. «Hace días que ya no se queda en los puntos habituales de avistaje turístico. El último encuentro fue en la zona de la Usina 3; andaba volando muy alto y con mucha destreza para sus dos años y medio de vida. El hecho de que ya esté alimentándose por sus propios medios nos indica que la reinserción en la naturaleza está funcionando con éxito», contó con satisfacción.

Jote Cabeza Colorada: el guardián de la limpieza
A menudo confundido con el cóndor por los turistas, el jote cumple un rol ecológico igual de valioso en el Cañón del Atuel, manteniendo el equilibrio del ambiente. «Es común que la gente vea un par de alas abiertas y piense que es el cóndor. Hace poco verificamos un ave en el paredón del lago y resultó ser un Jote Cabeza Colorada. Tiene una pequeña mancha blanca en la base del cuello que lo distingue. Aunque no sea el cóndor, realiza la misma tarea ecológica de limpieza de carroña y es digno de cuidado como cualquier otro animal de nuestra fauna silvestre», destacó el experto. «En la zona de los túneles y el paredón habitan muchísimos y son fundamentales para el equilibrio», añadió.
El futuro de la conservación: un cambio de conducta
Más allá de la vigilancia técnica y el monitoreo de especies, Ángel Napoleón destacó una transformación profunda en la conducta de quienes visitan Valle Grande, impulsada por un compromiso que surge de las nuevas generaciones. En el último tiempo, se ha observado una ruta más limpia y un mayor respeto por el entorno natural del Cañón del Atuel. «Notamos un contagio bonito: gente que hace trekking, levanta basura y nos la deja en bolsas a la orilla del camino para que la retiremos. El trabajo nuestro ha disminuido en ese sentido porque la ruta se ve mucho mejor, y eso es gracias a la colaboración genuina del sanrafaelino y del turista», señaló el guardaparque con entusiasmo.
Esta nueva conciencia ambiental encuentra su ejemplo más puro en los niños, a través de lo que Napoleón denomina la leyenda del sombrero. «A los chicos les cuento que, si un guardaparque mayor les pone su sombrero, es probable que ese niño elija proteger la naturaleza para siempre. Tengo un ‘pequeño guardaparque’ de 7 años que se lo tomó tan en serio que pone a raya a los visitantes: ‘Si yo soy un niño y me doy cuenta de que no hay que tirar basura, ¿por qué usted la tira?’, les dice a los adultos. Ver esa frescura y cómo nos dan el ejemplo vale todo el esfuerzo que ponemos en nuestra función pública», expresó con emoción.
Con más de tres décadas en la labor ambiental, el guardaparque reflexionó sobre el camino recorrido y el futuro de la conservación en San Rafael. «Desde 1993 que estoy en esto. Hoy veo los frutos de aquel tiempo y para mí es una alegría inmensa. El hecho de que el pichón de cóndor busque sus propios horizontes es la mejor noticia. Seguimos atentos, porque todavía es juvenil, pero ver que la población nos ayuda a cuidar este patrimonio nos confirma que el esfuerzo valió la pena», dijo Ángel Napoleón al cierre del reportaje.


