Un nuevo siniestro vial registrado este viernes sobre la Ruta Nacional 40 Sur volvió a poner en agenda la necesidad de avanzar con las obras pendientes en el corredor que une el sur mendocino con el norte neuquino.
El accidente ocurrió durante la mañana sobre el puente que cruza el río Malargüe, cuando un Renault Sandero que circulaba desde Chos Malal hacia la ciudad de Malargüe impactó al ingresar a la estructura. Afortunadamente, el hecho no dejó víctimas fatales, aunque volvió a despertar preocupación por las condiciones de una vía cada vez más transitada.

Más allá de las circunstancias particulares del siniestro, el episodio reaviva un reclamo histórico: la concreción de los cerca de 100 kilómetros pendientes de la Ruta 40 Sur entre Mendoza y Neuquén (de Bardas Blancas al límite interprovincial), una obra largamente esperada que acumula más de un siglo de postergaciones.
Mientras continúan las demoras administrativas y los obstáculos burocráticos, el corredor adquiere cada vez mayor relevancia estratégica.

El crecimiento de la actividad petrolera y minera, junto con el incremento del transporte de cargas y el movimiento turístico entre ambas provincias, convierten a este tramo en una pieza clave para la integración regional.
El sur de Mendoza y el norte de Neuquén presentan un fuerte potencial de complementación económica y productiva. Sin embargo, la falta de infraestructura vial continúa siendo una de las principales limitaciones para consolidar ese desarrollo.
Cada nuevo incidente sobre este corredor vuelve a instalar una discusión que lleva décadas: la necesidad de transformar la Ruta 40 Sur en una vía acorde al movimiento que hoy registra y al crecimiento que se proyecta para una de las regiones con mayor potencial económico del oeste argentino.



