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La historia detrás de la primera foto de Jorge Messi a Lionel en Barcelona

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La imagen fue tomada durante el primer viaje de Lionel Messi a España, cuando tenía 13 años y todavía no sabía si el Barcelona lo incorporaría. Detrás de esa fotografía hay una historia de viajes, incertidumbre, apuestas y decisiones que terminarían cambiando para siempre la vida del futbolista.

El domingo 17 de septiembre de 2000, Lionel Messi llegó al Aeropuerto Internacional de Ezeiza con apenas 13 años. Tenía por delante un viaje que podía convertirse en el comienzo de una nueva vida: iba a probarse en el Barcelona.

Era apenas la segunda vez que se subía a un avión. La primera había sido para disputar un torneo juvenil con Newell’s en Perú. Las turbulencias le provocaban mareos y vómitos, pero esta vez el destino era España. Junto a él viajaban su padre, Jorge Messi, y el representante Fabián Soldini.

Los tres tenían los pasaportes recién obtenidos y un futuro cargado de incertidumbre. Messi ya había comenzado a destacarse en las inferiores de Abanderado Grandoli y Newell’s, donde integraba una Categoría 87 considerada especialmente talentosa.

Uno de los primeros en advertir su potencial había sido Fabián Basualdo. En paralelo, Soldini, que recién comenzaba a trabajar como representante, recorría las ligas de los alrededores de Rosario buscando jóvenes futbolistas.

La conexión con Messi llegó a través de Claudio Biancucchi, tío de Lionel. Biancucchi, que representaba a su hijo Maximiliano, le habló a Soldini sobre su sobrino: “Vos atendés bien a los chicos, ¿por qué no venís a ver a mi sobrino, que es un crack?”.

Soldini fue al predio de Newell’s en Bella Vista y quedó impactado.

“Fui a ver un partido de la Primera local y llegué antes para seguirlo. Veo un enano que hace pin, pan, pum y la manda a guardar. Cuando escucho que alguno dice que yo descubrí a Messi, lo niego. Hasta mi abuela con cataratas se daba cuenta de que ese pibe era un fenómeno”, recordó años después.

El representante se reunió entonces con Jorge Messi. En aquella conversación aparecieron dos problemas centrales. Por un lado, el tratamiento hormonal que Lionel necesitaba y cuyo costo alcanzaba los 960 pesos mensuales, con el dólar todavía en paridad uno a uno. Por otro, la situación económica de la familia, que hacía cada vez más atractiva la posibilidad de instalarse en Europa.

Soldini consiguió el respaldo del grupo empresario para cubrir el tratamiento de Lionel. Jorge aceptó, aunque aclaró que recién firmaría un nuevo contrato de representación cuando estuvieran instalados en Europa.

El contacto que abrió la puerta del Barcelona

El siguiente paso fue encontrar alguien dispuesto a escuchar la historia de aquel adolescente rosarino. Juan Mateo, un argentino radicado en Brasil, tenía contacto directo con José María Minguella, histórico asesor de fichajes del Barcelona.

Soldini intentó convencerlo de que Messi tenía condiciones extraordinarias. Incluso llegó a describirlo de una manera contundente: “Juan, créeme que es el nuevo Diego”.

Mateo transmitió la información a Minguella. La respuesta inicial del catalán estuvo lejos de ser entusiasta.

“¿Cuántos años tiene? ¿12? ¿Acaso están traficando niños?”, preguntó.

Pasaron semanas y meses sin una respuesta definitiva. Mientras tanto, Jorge Messi y Soldini seguían acompañando a Lionel en sus partidos y entrenamientos. La relación entre ambos se fue transformando también en una amistad.

Finalmente, a fines de agosto, Minguella dio el visto bueno para que Messi viajara a Barcelona.

El 17 de septiembre, Lionel, Jorge y Soldini llegaron a España. Desde el aeropuerto se dirigieron a la oficina de Minguella, pero el representante no estaba allí. Los recibió Txiki Beguiristain, mientras que Joaquim Rifé, coordinador de La Masía, les informó que Lionel debía presentarse esa misma tarde en la Ciudad Deportiva.

El panorama no era sencillo. Messi tenía encima el cansancio del viaje, el jet lag y el malestar que le había provocado el vuelo. Pero no había margen para esperar. Se puso los botines y salió a entrenar.

Compartió vestuario con jugadores que también tendrían una carrera importante, entre ellos Gerard Piqué, Cesc Fábregas, Víctor Olmo y Toni Calvo.

En un primer momento, uno de los entrenadores se acercó preocupado a Jorge y Soldini porque había visto a Messi vendarse un tobillo.

“No va a poder jugar, está lesionado. Lo vi vendarse un tobillo”, les dijo.

Los argentinos le explicaron que Lionel tenía la costumbre de vendarse antes de entrenar y jugar.

La primera práctica comenzó con ejercicios de habilidad. Messi hizo jueguitos durante varios minutos sin dejar caer la pelota. Después llegó el uno contra uno con definición.

Tomó el primer balón, dejó sentado a su marcador y convirtió.

Juan Mateo, que observaba desde la tribuna, quedó impactado.

“Esto es para verlo desde la cancha”, exclamó.

Pidieron permiso para acercarse al campo y siguieron la prueba desde allí. Las sensaciones fueron positivas, pero todavía no había ninguna certeza sobre el futuro de Messi.

Jorge se instaló con su hijo en la habitación 546 del Hotel Plaza. Soldini, en cambio, debió alojarse en un motel porque el Barcelona no quiso hacerse cargo de sus gastos.

Entre el 17 de septiembre y el 3 de octubre, la rutina fue prácticamente idéntica: metro, entrenamiento y regreso al hotel.

Messi brillaba en cada práctica, pero desde el club nadie les daba una respuesta definitiva. Incluso llegaron a escuchar que algunos consideraban que el chico era simplemente un jugador de futbolín, es decir, de fútbol de salón.

Soldini, convencido de su talento, llegó a desafiarlo durante un entrenamiento. Le prometió un conjunto deportivo Puma que le gustaba si conseguía marcar cinco goles. Messi lo hizo.

La espera comenzó a desesperar a la familia. Migueli, ex defensor del Barcelona que había compartido plantel con Diego Maradona, también quedó impresionado al verlo.

“¿Tú has traído a este chaval? ¿Cómo es posible que estos animales no te hayan dicho nada todavía? Es lo más parecido que vi a Diego”, le dijo a Soldini.

En los últimos días de aquella estadía apareció Carles Rexach, secretario técnico del Barcelona. Había regresado de los Juegos Olímpicos de Sídney y observó a Messi durante unos minutos.

Fue suficiente para presenciar una de sus jugadas más llamativas: Lionel dejó a cuatro rivales en el camino y terminó picándole la pelota al arquero.

Rexach se fue sin dar explicaciones.

Jorge y Soldini quedaron desconcertados. La sensación era que el Barcelona estaba dejando escapar una oportunidad única.

Finalmente, regresaron a Argentina.

La espera terminó con el contrato que cambió todo

Messi volvió a la escuela y a las inferiores de Newell’s. Para justificar su ausencia, se habló de una neumonía. Octubre y noviembre pasaron sin novedades.

Jorge empezó a perder la paciencia.

“Ya está, vayamos a otro lado”, planteó.

Minguella volvió a comunicarse para tranquilizarlo. La respuesta definitiva, sin embargo, todavía no llegaba.

Martín Montero, dueño de la empresa que respaldaba a Soldini, viajó a España para presionar al Barcelona.

“Tengo que volver a Argentina con alguna garantía porque perdemos a la familia”, le advirtió a Minguella.

El dirigente respondió con una propuesta para comprar los derechos económicos de Lionel y permitir su desarrollo en la cantera del club.

Ese proceso desembocó en el episodio que se convertiría en una de las historias más famosas del fútbol: la servilleta firmada por Carles Rexach a Horacio Gaggioli el 14 de diciembre de 2000 en el Club de Tennis Pompeia.

En aquel papel, Rexach se comprometía a fichar a Lionel Messi bajo determinadas condiciones.

Minguella había ofrecido además un salario de 4.000 dólares mensuales, un automóvil y un departamento.

El 1 de febrero de 2001, toda la familia Messi viajó a Barcelona. Jorge y Lionel ya no estaban solos: también viajaron Celia, Rodrigo, Matías y María Sol, junto a Soldini y Juan Mateo.

La firma del primer contrato ni siquiera se realizó en las oficinas del Barcelona. Se concretó en un hotel cercano.

Las condiciones incluían salario, vivienda y vehículo. También quedaba por establecer cuánto recibirían las partes que habían intervenido en la llegada del adolescente al club.

Jorge le planteó a Soldini pedir 600.000 dólares cuando Lionel alcanzara los 50 partidos en la primera del Barcelona. El agente, consciente de su falta de experiencia, prefirió que fuera el propio Minguella quien estableciera el monto.

La cifra finalmente fue de 6 millones de dólares, a dividir entre las tres partes involucradas.

Jorge fue quien permaneció junto a Lionel durante aquellos primeros años. Vivían a apenas dos cuadras del campo deportivo del Barcelona, por lo que el adolescente podía caminar hasta los entrenamientos y también hasta la escuela.

Celia y los hermanos, sin embargo, regresaron a Rosario después de algunos meses.

El camino tampoco fue sencillo. Tres meses después de firmar su primer contrato, Lionel sufrió una rotura de peroné que puso en duda su continuidad. La rehabilitación quedó en manos del departamento médico del Barcelona, que también había asumido el tratamiento hormonal.

Messi volvió a jugar y lo hizo mejor que antes.

La relación con Soldini, sin embargo, terminaría deteriorándose con el paso de los años. La familia Messi quería desligarse de Minguella y manejarse exclusivamente con el representante rosarino.

La ruptura se produjo durante una reunión en el restaurante argentino La Carreta, en Barcelona. Estaban Jorge, Lionel, Rodrigo y Soldini.

“Jorge me dijo que Leo me adoraba y querían manejarse solo conmigo, pero yo no podía darle la espalda a la otra gente. Le pregunté a Leo si estaba de acuerdo con esa decisión y me respondió que sí. Me levanté y me fui. Puede ser que hoy me arrepienta un poco de mi reacción, se le podría haber buscado la vuelta al tema, aunque no sé si hubiera resultado o no”, recordó el representante.

La relación quedó quebrada.

Tiempo después, durante el Sudamericano de 2005 en Colombia, Messi todavía mantuvo contacto con Soldini. Hasta que llegó el momento de tomar una decisión definitiva.

“Entre mi papá y vos, me tengo que quedar con mi papá”, le dijo Lionel.

Soldini siguió desde lejos la carrera del futbolista al que había acompañado durante sus primeros pasos hacia Europa. En 2015, decidió escribirle para proponerle un café en Barcelona.

Volvieron a hablar, recordaron viejas historias y compartieron un reencuentro cargado de recuerdos. Messi lo invitó al Camp Nou y luego a su casa. También le ofreció quedarse para compartir una visita de Neymar, Javier Mascherano y el Kun Agüero.

La historia había comenzado muchos años antes, cuando un chico rosarino se subió por segunda vez a un avión y viajó junto a su padre para probarse en un club que todavía no sabía qué hacer con él.

En aquel primer viaje también quedó una imagen que hoy adquiere otro significado: la primera foto de Lionel Messi en Barcelona, tomada por Jorge en una habitación del Hotel Plaza.

Detrás de esa fotografía había un adolescente de 13 años, una familia que apostaba todo, un representante convencido de haber encontrado algo extraordinario y un club que todavía dudaba.

El resto de la historia terminó convirtiendo aquella aventura en el comienzo de la carrera del futbolista que marcó una época.

fuente: Infobae

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