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Paso Las Leñas: una oportunidad que la política no puede seguir dejando bajo la nieve

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Las declaraciones del gobernador de la Región de O’Higgins, Pablo Silva Amaya, en una entrevista concedida a Diario San Rafael y FM Vos (94.5), deberían encontrar eco mucho más allá de una nota periodística. Tendrían que servir para que dirigentes nacionales, provinciales y municipales vuelvan a colocar sobre la mesa un proyecto que lleva demasiado tiempo acumulando estudios, reuniones, expresiones de deseo y frustraciones: el Paso Las Leñas. Porque si algo volvió a demostrar este invierno es que la conectividad entre Argentina y Chile no puede continuar dependiendo casi exclusivamente de corredores que quedan a merced de la nieve y las condiciones extremas de la alta montaña.

El cierre durante 34 días consecutivos del Sistema Cristo Redentor no fue simplemente una contingencia meteorológica. Fue una advertencia económica, logística y política. Miles de camiones quedaron condicionados por la imposibilidad de atravesar la cordillera, las empresas debieron soportar costos adicionales, se demoraron cargas y operaciones comerciales y volvió a quedar expuesta la fragilidad de uno de los principales corredores internacionales del país. Silva Amaya lo planteó con claridad: una interrupción, incluso breve, genera pérdidas, pero cuando se extiende durante semanas las consecuencias alcanzan a toda la cadena comercial y productiva.

Es precisamente allí donde Paso Las Leñas deja de ser un viejo anhelo sanrafaelino para transformarse en una necesidad estratégica. El proyecto contempla un túnel de aproximadamente 11 kilómetros, a unos 2.000 metros de altura, con condiciones geográficas que permitirían reducir significativamente la exposición a los fenómenos climáticos que afectan a otros corredores. La posibilidad de disponer de un paso operativo durante todo el año y las 24 horas significaría cambiar radicalmente la lógica de la integración entre ambos países. Del lado chileno, además, la conexión con la Ruta de la Fruta permitiría acceder directamente al Puerto de San Antonio, abriendo una vía extraordinaria para las exportaciones argentinas hacia el Pacífico.

Para San Rafael y el sur mendocino, semejante infraestructura podría representar un punto de inflexión. No se trata solamente del movimiento de camiones o del comercio exterior. Un corredor internacional permanente multiplicaría oportunidades para el turismo, la hotelería, la gastronomía, los servicios logísticos, el transporte, las inversiones y el desarrollo productivo. Significaría colocar a nuestra región en una posición geográfica privilegiada dentro de un corredor que vincularía a Argentina con los puertos del Pacífico y, desde allí, con algunos de los mercados más importantes del mundo.

Pero para que eso suceda hay que abandonar definitivamente la lógica de desempolvar el proyecto cada vez que la cordillera se cierra. Las Leñas necesita convertirse en una verdadera política de Estado. Nación tiene en sus manos las relaciones internacionales, los acuerdos binacionales y buena parte de las herramientas necesarias para avanzar en una obra de semejante magnitud; Mendoza debe ejercer el peso político necesario para incorporarla entre sus prioridades estratégicas; y San Rafael tiene que continuar impulsando el proyecto desde el territorio, articulando al sector público, empresarios, instituciones y fuerzas políticas detrás de un objetivo común.

No importa que las responsabilidades y jurisdicciones sean diferentes. Precisamente de eso se trata la política cuando enfrenta proyectos de semejante envergadura: de articular competencias distintas detrás de un mismo objetivo. Tampoco debería importar qué partido gobierne circunstancialmente la Nación, Mendoza, San Rafael o la Región de O’Higgins. Una obra que puede modificar durante décadas la matriz económica y logística de dos regiones no puede depender de afinidades partidarias ni quedar archivada cada vez que cambia un gobierno.

Las palabras de Silva Amaya representan además algo que San Rafael no debería desaprovechar: del otro lado de la cordillera existe una autoridad regional dispuesta a volver a empujar el proyecto y a reclamar que los gobiernos nacionales recuperen la iniciativa. Incluso planteó alternativas para superar uno de los principales argumentos que históricamente frenaron la obra, como su elevado costo, proponiendo evaluar mecanismos de concesión internacional y participación privada para financiarla.

El colapso del Cristo Redentor dejó pérdidas enormes y escenas que no deberían naturalizarse cada invierno. La respuesta no puede limitarse a mejorar aquello que ya existe, algo que por supuesto debe hacerse, sino también a pensar la infraestructura que Mendoza necesitará durante los próximos cincuenta años. Cristo Redentor, Pehuenche y Las Leñas no tienen por qué competir entre sí: una provincia que pretende ser protagonista del comercio internacional necesita más alternativas, mayor capacidad logística y corredores capaces de complementarse.

Por eso, lo expresado desde O’Higgins merece una respuesta política de este lado de la cordillera. Las Leñas no necesita otra declaración de interés ni otra foto alrededor de una mesa. Necesita decisiones, continuidad y una hoja de ruta que sobreviva a los gobiernos. Después de un invierno que volvió a demostrar cuánto cuesta quedar aislados, dejar pasar nuevamente esta oportunidad sería mucho más que postergar una obra: sería resignarnos a seguir pagando, año tras año, las consecuencias de no haberla construido.

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