El granizo continúa siendo una de las principales amenazas climáticas para la producción de la región y, en medio de la incertidumbre sobre la continuidad de la lucha antigranizo con aviones, vuelve a cobrar protagonismo la protección de los cultivos mediante tela antigranizo.
Sin embargo, actualmente no existen datos certeros y actualizados que permitan determinar cuántas hectáreas de vid y frutales cuentan con este tipo de cobertura en San Rafael y General Alvear, ni cuál ha sido su evolución durante los últimos años.
Uno de los últimos datos disponibles corresponde a un relevamiento del Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV), presentado en 2020. En aquel momento se contabilizaban unas 3.109 hectáreas de viñedos protegidas con malla antigranizo en la región, aproximadamente el 20% de la superficie total.
Desde entonces no se cuenta con un relevamiento actualizado que permita establecer cuánto creció la superficie cubierta y, principalmente, cuál es la situación de otros cultivos de enorme importancia para la economía regional.
Es el caso de la ciruela, el durazno y el damasco, producciones que cada temporada quedan expuestas a tormentas de granizo capaces de provocar importantes pérdidas en pocos minutos.
La posibilidad de una temporada sin el sistema aéreo de mitigación vuelve a instalar el debate sobre la necesidad de incrementar la protección física de las propiedades. Sin embargo, la instalación de malla antigranizo requiere una inversión significativa.
Los elevados costos para “entelar” las propiedades, sumados a los problemas de rentabilidad que atraviesan diferentes sectores productivos, aparecen entre los principales obstáculos para avanzar hacia una cobertura más amplia.


