El consultor pyme Agustín Remondino analizó el impacto de la transición económica sobre la industria, el empleo y el consumo. También planteó la necesidad de generar condiciones para la creación de empresas y cuestionó la presión impositiva y la eficiencia de los gobiernos. La caída del consumo interno, las dificultades para sostener la actividad productiva y los desafíos para generar nuevos puestos de trabajo forman parte del escenario que atraviesan numerosas pequeñas y medianas empresas en Argentina. En este contexto, el consultor pyme Agustín Remondino analizó cómo la transición económica afecta de manera desigual a los distintos sectores y advirtió que las industrias pymes trabajan actualmente con una capacidad productiva considerablemente inferior a la de años anteriores.
En diálogo con Diario San Rafael y FM Vos (94.5), Remondino explicó que el cambio de modelo económico implica un proceso de adaptación que no se desarrolla al mismo ritmo en todas las actividades. Mientras algunos sectores registran crecimiento y nuevas contrataciones, otros encuentran mayores dificultades para adecuarse a las nuevas condiciones del mercado. “Los sectores no cambian todos al mismo tiempo y no es que va a ser un cambio que se va a dar de manera rápida, sino que es una transición que se tiene que ir viviendo y que las empresas tienen que ir adaptando”, señaló.
Según el consultor, estas diferencias repercuten directamente sobre el empleo, ya que las actividades que logran expandirse pueden incorporar trabajadores, mientras que aquellas que atraviesan dificultades deben revisar sus estructuras y buscar alternativas para sostenerse. Uno de los puntos centrales de su análisis fue la situación de la industria pyme, cuya capacidad productiva, afirmó, se encuentra actualmente entre el 50% y el 60% de la que tenía hace algunos años. A su entender, esta situación está vinculada con los cambios en los hábitos de consumo y la necesidad de adecuar los niveles de producción a una demanda diferente.
Remondino explicó que, durante los años de inflación elevada, una parte del consumo estaba impulsada por la necesidad de utilizar el dinero antes de que perdiera valor. En ese contexto, muchas personas adelantaban compras, lo que contribuía a sostener la demanda interna y la actividad de las empresas. Con la estabilización económica, según su interpretación, ese comportamiento comenzó a modificarse. Los consumidores tienden a concentrar sus gastos en aquello que necesitan, por lo que las empresas ya no encuentran las mismas condiciones de demanda que tenían anteriormente. “Las empresas necesitan ser más eficientes porque ahora no existe la demanda del consumo interno como existía hace 3-4 años atrás”, sostuvo.
El especialista indicó que esa búsqueda de eficiencia alcanza diferentes áreas de las organizaciones. Por un lado, las industrias deben ajustar sus niveles de producción a las posibilidades de venta. Por otro, las empresas enfrentan márgenes más reducidos y revisan sus estructuras administrativas y la cantidad de personas que integran sus equipos. La construcción y la industria textil aparecieron en la entrevista como ejemplos de sectores con dificultades. En el caso de la actividad textil, también se mencionó el impacto de la apertura comercial y la competencia de los productos importados.
Sin embargo, Remondino aclaró que la transición no implica necesariamente que toda la economía esté funcionando mal, sino que debe analizarse en función de los cambios que atraviesan las empresas y de las condiciones que necesitan para desarrollarse. En ese sentido, planteó que el objetivo debería ser avanzar hacia una economía abierta, con competencia y mayores posibilidades de crecimiento para las empresas. Para el consultor, uno de los problemas estructurales de Argentina es la falta de expansión del entramado empresarial.
Remondino señaló que, desde hace aproximadamente 20 años, el país mantiene un promedio similar de empresas en relación con su cantidad de habitantes. Al mismo tiempo, sostuvo que la población creció entre un 20% y un 30% durante ese período. A partir de esos datos, planteó que la generación de nuevos emprendimientos es fundamental para ampliar las oportunidades laborales y evitar que el crecimiento de la población no encuentre una respuesta suficiente en el mercado de trabajo.
“Si nosotros no generamos más empresas, pero existen cada vez más habitantes, esos habitantes no tienen lugar en donde trabajar”, afirmó. Por eso, consideró que los distintos niveles del Estado deberían concentrar esfuerzos en generar condiciones que faciliten la creación y el desarrollo de empresas. Para el consultor, no alcanza con observar la evolución del empleo sin atender también a la cantidad de organizaciones productivas que pueden sostenerlo.
Durante la conversación se mencionó como ejemplo una iniciativa anunciada por el gobernador de Neuquén, que contempla eximir del impuesto sobre los ingresos brutos durante 2028 a las empresas que creen puestos de trabajo y contraten trabajadores de esa provincia. La propuesta sirvió para introducir el debate sobre el papel de los gobiernos provinciales en la promoción de nuevas contrataciones, especialmente en un escenario en el que las dificultades económicas también repercuten sobre la recaudación y el sostenimiento del gasto público.

La presión impositiva y la eficiencia del Estado
Sobre este punto, Remondino sostuvo que la discusión no debería centrarse exclusivamente en las dificultades financieras de las administraciones provinciales, sino también en la manera en que se utilizan los recursos públicos. El consultor consideró que los contribuyentes terminan sosteniendo el funcionamiento del Estado mediante el pago de impuestos y que, por lo tanto, las administraciones deben procurar una gestión eficiente.
“Estamos viendo que las empresas están buscando ser eficientes por una cuestión de rendimiento de rentabilidad y poder seguir subsistiendo”, expresó. Para ilustrar su planteo, explicó que una empresa que aumenta excesivamente sus precios puede perder compradores y comprometer su continuidad. En cambio, cuestionó que, desde su perspectiva, algunos gobiernos continúen elevando impuestos sin realizar los ajustes necesarios en su administración. “Necesitamos la misma exigencia que le estamos pidiendo a las empresas”, afirmó.


