La preocupante realidad que atraviesan comedores y merenderos de distintos puntos de Argentina y Mendoza también se replica en San Rafael. Cada vez más familias recurren a organizaciones solidarias para garantizar un plato de comida.
Desde la Cooperativa Madres Cocinando advierten que la demanda llegó a triplicarse y que muchos de quienes hoy piden ayuda nunca antes habían necesitado hacerlo.
El aumento de las necesidades alimentarias se ha convertido en una señal de alarma que trasciende las grandes ciudades. En los barrios sanrafaelinos, al igual que en otros puntos de la provincia y del país, las organizaciones comunitarias enfrentan una demanda creciente de familias que ya no logran cubrir sus necesidades básicas.

La situación no solo afecta a los sectores históricamente más vulnerables. También alcanza a hogares que hasta hace poco podían sostenerse con sus propios ingresos y que hoy deben recurrir a la solidaridad para llegar a fin de mes.
“Se ha incrementado el doble o el triple”, aseguraron desde la Cooperativa Madres Cocinando, quienes reflejan que sus asistidos “si pagan los impuestos, no comen; si pagan el alquiler, no comen”.
UNA OLLA SOLIDARIA QUE HOY ALIMENTA A 180 PERSONAS
Madres Cocinando nació hace 18 años como un pequeño merendero en el Club Constitución. Con el paso del tiempo, aquella iniciativa se transformó en una red de contención que actualmente asiste a unas 60 familias, alrededor de 180 personas.
Los lunes, miércoles y viernes, las integrantes preparan comidas caseras que distribuyen en viandas para que las familias puedan compartirlas en sus hogares. También elaboran una merienda para la mañana siguiente.
LA SOLIDARIDAD CRECE, PERO TAMBIÉN LAS NECESIDADES
El esfuerzo de Madres Cocinando refleja el papel fundamental que cumplen las organizaciones barriales frente al deterioro de las economías familiares. Quienes deseen colaborar pueden acercarse a Chacabuco 244, los lunes, miércoles y viernes, de 17 a 20.
Lo que ocurre en San Rafael no es un hecho aislado, sino parte de una problemática que se extiende por Mendoza y Argentina. Mientras las organizaciones multiplican sus esfuerzos para que no falte un plato de comida, la creciente cantidad de familias que necesitan asistencia expone una realidad cada vez más difícil: para muchos hogares, comer todos los días ya no está garantizado.


