Frente al contexto de pandemia, el desuso de trajes y la presión impositiva, el lunes cerró sus puertas de forma definitiva tintorería “La Terminal”, ubicada frente a la antigua estación de colectivos local. Al respecto brindó algunos detalles a FM Vos (94.5) y a Diario San Rafael, el propietario del comercio, Jorge Alberto Ordóñez (72).
Explicó que el de la tintorería “ya se ha transformado en un negocio obsoleto, porque la gente en las oficinas, bancos, atienden con vaquero y en manga de camisa, ya no es como antes que se usaba saco, corbata o un traje, además a la gente el poder adquisitivo se le ha disminuido en forma exponencial; aparte de eso, los servicios están muy caros, a una familia el metro cúbico de gas se le cobra 6 pesos y a nosotros en el negocio nos cobraban 120 pesos”.
Destacó la excelente relación comerciante-cliente que hubo a lo largo de las décadas, con una confianza enorme, lo que hacía que los días lunes –especialmente– se demoraba más el reparto porque el cliente contaba cosas de su casa y vida privada, ya que se había generado una enorme amistad.
Haciendo historia, Ordóñez recordó que la tintorería se la compraron a Eduardo Langa y empezaron con algunos problemas, pues antes le habían vendido otro negocio a un primo que nunca pagó la deuda. “Fue muy complicado porque había poco trabajo; aparte de eso, el muchacho que nos vendió la tintorería se llevó toda la ropa que había, entonces venía la gente con ropa y no estaba la que tenían, entonces se la llevaban a la tintorería Japonesa (que cerró hace muchos años). Gracias a Dios pudimos salir adelante y llegué a tener seis empleados en el negocio, hoy no tengo ninguno”, expresó. La “época dorada”, fue entre los años 1978 y 1996 aproximadamente. Al único empleado que le quedaba –y que llevaba 33 años allí–, tuvo que indemnizarlo con un vehículo prácticamente nuevo, además de dinero en efectivo. “Fue cuando empezó la pandemia y encima nos dejaron prácticamente dos meses encerrados, no podíamos abrir”, destacó.
Por supuesto que la vida sigue y este comerciante –señaló– seguramente seguirá levantándose muy temprano pues ya es una costumbre, más allá de que se encuentra solo pues su señora, desgraciadamente, falleció el año pasado. Afortunadamente posee una pequeña jubilación y acompaña a sus hijos en el día a día a fin de no quedarse “de brazos cruzados”. “Tengo mucha fe en Dios y eso me ayuda a seguir adelante”, aseguró Ordóñez.







