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jueves 21, de octubre , 2021

A casi 30 años de las 21 muertes por propóleo, rompe el silencio la dueña del laboratorio que lo producía

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Hoy es domingo 19 de septiembre. Hace menos de un mes, el 22 de agosto, publiqué en las redes una crónica sobre aquella intoxicación con el propóleo que conmovió a la Argentina en 1992. Conté la historia de Mabel Aparicio, la dueña del laboratorio.

Y confesé que pese a rastrearla durante treinta años nunca había podido encontrarla.

Pocos días después, una oyente/lectora me dio una pista. “Vive en Barcelona”. me dijo.

La busqué, la encontré. Hablé con ella. Y después de tanto tiempo, Mabel Aparicio aceptó dar una entrevista en la que respondió a todo y no se guardó nada.

La imagen y el sonido transformaron los 10.400 kilómetros de distancia en un cara a cara emocionante. Es el testimonio de una mujer que después de sufrir una despiadada persecución llega a los 83 años con su entereza intacta.

La historia

Desde hace más de veinte años no uso sal ni azúcar. Y tampoco sus sustitutos, como los edulcorantes o las sales diet.

Y ya que estamos en este tren de confesiones, te cuento que es muy raro que coma carnes rojas.

En cambio, me nutro de mucha fruta, sobre todo pomelos, bananas y limones. Y soy simpatizante del brócoli, la cebolla, el ajo, los tomates y las berzas, ahora devenidas en la glamorosa kale.

Esta elección alimenticia me permitió conocer los poquísimos comercios que en los años 80 vendían cierto tipo de productos. Se llamaban “dietéticas” y parecían dedicados a una clientela sólo preocupada por perder kilos. Aunque en realidad eran el único lugar donde se podían comprar algunos elementos saludables. ¡Pero carísimos!

Sí, porque por entonces comer sano era casi inaccesible. Por otra parte, los locales no eran demasiado atractivos. Muy distinto de lo que ocurría en Madrid, donde se llamaban “herboristerías” y tenían una gama más amplia, mejor exhibida y más económica.

Con el tiempo, también aquí crecieron las alternativas. Y la clásica dietética se fue transformando en almacén natural o tienda naturista. Ya no era la monocorde despensa para combatir el sobrepeso. Bajaron los precios y apareció un variedad de suplementos saludables.

Por eso conocimos y adoptamos la maca, el aloe vera, la moringa, el noni, las bayas de goji, la cúrcuma, el magnesio (¡salud, Ana María Lajusticia!), la quinoa, el chía y el polen de Crinway

Y el propóleo.

¡El propóleo, señoras y señores!

Al principio tenía una “s” final. Y la fue perdiendo, hasta quedar en singular. Alguna vez nos explicaron que es un producto derivado de la resina con la que las abejas revisten sus colmenas. Y que desde Hipócrates en adelante se ha venido usando como antiséptico, fungicida y estimulante del sistema inmunológico.

Adoptamos el propóleo a finales de la década del 80 y comenzamos a tomarlo regularmente. Una cucharadita de café, cada mañana, para protegernos de catarros y resfríos.

No sabíamos que la empresa que lo producía -Huilén- también fabricaba productos cosméticos hechos con propóleo. Y que asociada con Felfort tenía una línea de caramelos, para prevenir afecciones de la garganta.

También ignorábamos que los fabricantes del jarabe de propóleo que tomábamos cada mañana habían concretado tres exportaciones a China. La primera el 23 de julio de 1990 en el barco de bandera japonesa “Pacific Marú”. Y luego en forma sucesiva en enero de 1991 y en febrero de ese mismo año, en el buque “San Juan” de la empresa ELMA.

Por lo visto, era gente que estaba haciendo las cosas bien.

A tal punto que a mediados de julio de 1992 cuatro representantes de Lepetit se acercaron a Huilen y plantearon la posibilidad de que elaborase una línea para bebés, en sociedad con ese prestigioso laboratorio. Lamentablemente el proyecto no se concretó, pero el saldo de todos modos fue muy alentador.

Al frente de Huilen estaba una mujer, llamada Mabel Aparicio. Todo lo que le estaba pasando le confirmaba que el propóleo se iba afianzando en el mercado.

Sin embargo, el sueño de un porvenir venturoso se hizo trizas pocos días después.

Porque el 12 de agosto de 1992 una terrible noticia ocupó todos los espacios periodísticos: se había comprobado una intoxicación mortal, provocada por el jarabe de propóleo elaborado por el Laboratorio Huilen.

Era una tragedia. A las dos semanas, el número de víctimas fatales ascendía a 21 personas. Todas habían consumido el fatídico producto.Mabel Aparicio en la charla con Julio Lagos para InfobaeMabel Aparicio en la charla con Julio Lagos para Infobae

Mabel Aparicio fue rápidamente condenada por la opinión pública, el jarabe y los caramelos de propóleo prohibidos en todo el país y la empresa clausurada. Por su parte, los funcionarios señalaban a la directora del laboratorio como una delincuente. Y la Justicia le inició una causa por homicidio.

Hasta que en medio de la tormenta informativa y judicial apareció una palabra de difícil pronunciación: dietilenglicol, un solvente industrial que se usa para la fabricación de anticongelantes.

Y que es un veneno fulminante en caso de ser ingerido.

Muy pronto el rumor se confirmó. El propóleo de Huilen contenía ese producto letal, el dietilenglicol.

¿Pero cómo se había introducido en los frascos del producto? ¿Un error, un caso de negligencia? Enseguida se determinó que el hecho fue intencional.

Sabotaje.

¿Algún empleado infiel, dentro de la misma empresa?

Lentamente, poco a poco, se fue develando la incógnita. Y se comprobó que la adulteración criminal se efectuó fuera del establecimiento. Todas las referencias apuntaron a una quinta del Gran Buenos Aires, donde se agregó la sustancia venenosa.

No fue un error de procedimiento ni una negligencia: fue sabotaje. Externo, ajeno al Laboratorio Huilen.El libro donde Mabel Aparicio contó su verdadEl libro donde Mabel Aparicio contó su verdad

Todo esto lo relató la propia Mabel Aparicio en su libro “Sabotaje. Historia de obreras y zánganos”, en el que menciona las duras situaciones que vivió con las autoridades sanitarias de la época, el ministro Julio César Aráoz y el secretario Alberto Mazza.

Cuando me lo regaló, en octubre de 1995, me envió estas líneas:

-En este texto he intentado presentar los esfuerzos de crecimiento de una mediana empresa nacional, la nobleza de un producto de amplio uso en países desarrollados y los sugestivos manejos poco transparentes de ciertos personajes que se amparan en las sombras del poder.

Y agregaba:

-También deseo agradecerle tanto a usted como a sus colegas que me hayan ofrecido siempre la oportunidad de expresarme en todo este duro ajetreo que nos ha tocado vivir.

El propóleo -no sólo el de Huilen- fue sacado de circulación. Su descrédito fue mayúsculo y alcanzó a otros productos a la apicultura y todos los complementos naturales en general. Creció la idea que se trataba de recursos propios de la superchería y de la ignorancia. Fue entonces que Tita Merello dijo públicamente:

-Yo consumía caramelos de propóleo todos los inviernos, pero ahora como no están autorizados por Salud Pública no los consumo. Yo sé que el propóleo es algo maravilloso. Para mí, lo malo fue la mano criminal. A mi parecer el propóleo tiene virtudes estupendas. Sé que mi propio médico lo toma. Le deseo a la señora que tenga fortaleza espiritual.

La señora, es decir Mabel Aparicio, no pudo soportar el descrédito. Además, económicamente quedo arruinada porque su empresa se fundió. Decidió irse del país y se radicó en Uruguay. Le perdí el rastro. Cada vez que intenté conectarme otra vez con ella, fracasé.

Sólo supe que el 9 de agosto de 1999, el juez Nelson Javier Jarazzo dictó su sobreseimiento definitivo y sentenció: “En base a pericias, testimonios y análisis de materias primas utilizadas para fabricar esos productos, no se verificó en la planta industrial de Huilen que existiera el Dietilenglicol, el elemento químico que habría causado las contaminaciones y que a la postre resultó letal.”

Por supuesto, la noticia ocupó un pequeñísimo espacio en los medios.

Esos mismos medios que le habían dedicado las primeras páginas y los horarios centrales cuando el propóleo en particular y los productos naturales en general eran mala palabra.

Han pasado 29 años. Hoy, en agosto de 2021, miles y miles de personas seguimos tomando propóleo.

Lo que todavía no sabemos es quién y por qué cometió aquel criminal sabotaje.

Estos son los principales párrafos de la entrevista, cuyo video completo está al final de esta nota:

-El 12 de agosto de 1992 se conmovió la Argentina por una noticia varias personas que habían tomado lo mismo que nosotros el propóleo fabricado por Mabel Aparicio se intoxicaron muchas más de 20 personas murieron. ¿Qué fue lo que pasó?

-Eso va a ser el gran misterio. Lo titularon sabotaje dentro de laboratorio. Jamás se hizo eso porque no teníamos elementos para envenenar a nadie. Y teníamos un control de calidad rigurosísimo. No sabemos quién se benefició con esto, pero pasaron muchas cosas sorprendentes. Hablaron de contaminación y el veneno que dijeron no es contaminante, bueno muchas cosas oscuras que vos ya las conoces. Hasta que es todo esto arrastró al gran movimiento que teníamos en Argentina de productos naturales y de gente que trabajaba y que luchaba por esto. Dejamos ocho años donde la gente no quería consumir ni productos de dietéticas

-Yo recuerdo eso. Nadie quería entrar a esos negocios que en la Argentina se llaman dietéticas, herboristerías, almacenes naturales… Todo lo natural entró en un cono de sombra. Ahora ha resurgido todo esto y también el propóleo, pero a vos te costó un un gran dolor personal. Tuviste problemas con la justicia te perjudicaste económicamente…

-Me destruyeron totalmente, si no a mí a la planta laboratorio a la gente que trabajaba que al otro día se quedaron quedamos todos en la casa. Mira pasaron las mismas cosas insólitas de ahora. Quedaron todos los empleados de Huilén en 24 horas en la calle, sin cobrar ningún indemnización, pero los gremios estaban ausentes. Pasamos como si fuéramos intoxicadores y la gente moría por propóleo, pero no se hizo jamás una autopsia a ninguno de los muertos, cosa que pedíamos. Tardaron siete años en descubrir que el laboratorio no tuvo nada que ver. Siete años y cambiamos 8 jueces, entonces por más que no quiero siempre termino políticamente metiéndome en lo que son los negocios con el Estado. Un asco, Julio… … Primero la gente moría por propóleo Huilen, no se sabía de qué. Pasó como más de una semana, el ministerio dijo que era por dietilenglicol. Enseguida ofrecimos los controles de calidad porque teníamos jefa de control de calidad, química, profesora de la Universidad, director técnico… explicamos que se hacía análisis de todo lo que se compraba. Vino el director de Salud Pública y salió y le dijo los medios: ‘acabo de ver un bidón de dietilenglicol’. ¡Si nunca había entrado ¿Cómo los directores del Ministerio lo veían?!

-Lo que sí se supo que el dietilenglicol se puso fuera del laboratorio, y también se detectó donde fue, en una quinta del Gran Buenos Aires…

-Sí, un señor se apersonó ante la policía y dijo que había visto en esa quinta que entraban productos. Jamás se investigó nada.Una de las tapas que alertaban sobre la intoxicación. Murieron 21 personasUna de las tapas que alertaban sobre la intoxicación. Murieron 21 personas

-Pasaron muchos años, vos te fuiste a Uruguay, a Fray Bentos…

-Me fui al Uruguay para estar frente a Buenos Aires y cada vez que me citara un juez fuera uno de mis abogados y yo, porque yo no tenía por qué huir. Me estaban fusilando ¿y encima me iba a escapar? Entonces me fui a Uruguay, estuve seis años y pude hacer desarrollos que ya tenía hechos en Huilén en el año 93. Yo ya me iba a dedicar a la stevia, y el laboratorio seguía funcionando con el propóleo, que era un éxito, exportábamos, no teníamos techo.

-Ustedes habían empezado a exportar a China ¿verdad?

-Que notable, en el mes de junio de 1992 firmamos un convenio de abastecimiento para Malasia y Filipinas con los chinos por seis años. En el mes de julio de 1992 batimos los récords de venta de la historia de Huilén en el mercado interno, ¿y el 12 de agosto me despierto y me pongo envenenar frasquitos? ¿No te parece que soy…?

Fue tremendo. ¿Sabés cómo me enteré yo? Me llamó un distribuidor de la costa diciéndome, ‘Hay una intoxicación’. ‘Pero bueno, ¿qué tiene que ver con nosotros?’ Me dice ‘no, pero lo único que enfocan son frascos de propóleo’. Ahí agarré mi coche y me fui al laboratorio y ya estaba el periodismo. Primero la DGI, para ver si facturábamos en negro. no importa que se muriera la gente lo importante era ver cómo facturaba…

-¿Con quién te fuiste a Uruguay?

-Sola, con mi gata y mi perra. Estaba demasiado lastimada, necesitaba estar sola. Me fui a vivir en el medio de una chacra con mi gata y mi perra una gatita siamesa, Josefina. Me hizo mucho mucho bien estar allí, porque también tuve la suerte de que el matrimonio que me alquiló un loft en el medio de una chacra pertenecían a la religión Bahais y me acogieron con muchísimo afecto .Imagínate con el ritmo de vida que llevaba, de pronto estar en una chacra en un pueblo donde para ir al cine había que llevarse el agua caliente porque no encendían la calefacción…

-¿Cuál fue tu presunción, quién y por qué puso dietilenglicol en esa quinta de del Gran Buenos Aires dentro de los frascos del propóleo de Huilen?

-Dos años después… esto no lo quería contar, porque lo peor que me puede pasar que ahora que estoy buscando pista para aterrizar en un país que elegí, porque uno no elige donde nace, pero puede elegir dónde se muere, y yo elegí morir en Barcelona todo esto lo único que no quiero sumar son conflictos porque en la vida tuve, claro… Pero que extraño que dos años después de que este señor se presentara ante la policía y dijera que él vio en una quinta que envenenaban frasquitos, a este señor lo encierran porque estaba contratado por la policía para torcer la columna vertebral de los juicios. Tengo nombre y apellido de este señor…

-¿Vive?

-Nunca pregunté si vive porque, qué triste papel. Había sido contratado para un juicio que le hicieron por la muerte de un periodista por un caso anterior, sí. Por eso te digo, que extraño que un señor fue, miró una quinta, va a la policía, la policía le cree todo, entonces dice que fue saboteado el producto, entonces me liberan a mí, dejé de ser envenenadora y nadie averigua si estaban los frascos, si realmente tenían dietilenglicol. Para que él dietilenglicol te mate de un sorbo tenés que tragar temas de 150 centímetros cúbicos.

-¿Qué opinas de esa presunción extendida, popular, que siempre habla de ‘los malos de la película’ que se benefician económicamente? Hubo una conclusión callejera, a lo mejor sin sin mucha confirmación, sin demasiados argumentos, que sostenía que lo malo que le pasó a tu propóleo beneficiaba a algunos laboratorios. ¿Existe eso? ¿es verdad?

-¿Cuántos años se dejó de tomar propóleo en Argentina? Fue un buen negocio. Nosotros facturábamos cifras muy importantes. No sólo nosotros, ojo, todos los otros laboratorios que elaboraban propóleo. La definición la dio en un almuerzo de Mirtha Legrand… yo las confundo a Norma y Mimí Pons, una de las hermanas. Mirtha dijo, ‘pero por algo (pasó esto) con este producto’. Y la Pons le contestó, ‘Mirtha, este producto va a desaparecer porque es la medicina de los pobre’s. Es un bactericida de muy bajo precio y es así. Es un bactericida tremendo, restituye tejidos y lo aplicás en la piel. ¿Sabés cuál es el el único conflicto que tiene? Que no es propóleo si no pasa por las glándulas salivares de las abejas. Por eso es tan cara la materia prima.

Fuente: Infobae

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