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La educación es el arma más poderosa para cambiar el mundo | Nelson Mandela

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A confesión de parte, relevo de pruebas…

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Cuando el discurso oficial abandona la promesa de un bienestar uniforme para ingresar en el terreno de la resignación calculada, la interpretación de la realidad económica deja de ser una disputa de planillas para convertirse en una constatación social. El reciente sinceramiento del ministro de Economía, Luis Caputo, al admitir abiertamente que con el plan económico diseñado por él mismo “hay sectores a los que les va a costar más”, no constituye una mera observación técnica sobre la transición hacia la estabilidad sino la validación institucional de un esquema donde la producción, el trabajo y las provincias son castigados hace casi tres años.

Los indicadores publicados por el INDEC ratifican con la evidencia de los números el trasfondo de esa declaración. La industria manufacturera sufrió su mayor caída mensual en 16 meses, mientras que la actividad de la construcción profundizó su retracción con un desplome del 4,6% mensual. Ambas ramas, consideradas los dos motores centrales de la tracción laboral y del empleo masivo, atraviesan una parálisis que excede la idea de un enfriamiento transitorio. Sin embargo, el impacto más severo se despliega en el entramado del interior profundo: las economías regionales, en su inmensa mayoría, se encuentran al borde directo de la extinción. Ahogadas por la suba de costos en insumos, tarifas de servicios impagables, un mercado interno deprimido y precios de cosecha que no cubren los gastos elementales de explotación, las cadenas productivas locales quedan al margen de cualquier expectativa de recuperación.

En la realidad concreta de San Rafael, esta suma de variables se traduce en un deterioro cotidiano sin atenuantes.

Sostener que el éxito macroeconómico exige el sacrificio sistemático de la economía real es una premisa éticamente objetable y productivamente inviable. Un país no se fortalece sobre la ruina de sus economías regionales ni sobre la desarticulación de su matriz industrial y agropecuaria.

Y si el propio Caputo no está diciendo que las cosas no van a mejorar, estamos perdidos. 

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