Mientras el Gobierno de Alfredo Cornejo impulsa la minería como uno de los pilares para dinamizar la economía mendocina, un informe del Instituto de Estudios sobre la Realidad Argentina y Latinoamericana (IERAL) introduce un matiz al debate.
Si bien reconoce que la actividad minera puede convertirse en un motor de inversiones y exportaciones durante la próxima década, el estudio sostiene que los problemas económicos de la provincia tienen un origen mucho más profundo y que su solución no llegará en el corto plazo. Para el instituto, el principal factor detrás del estancamiento de Mendoza es el escaso crecimiento que registra la economía argentina desde hace más de quince años.
El documento, titulado “¿A qué nos vamos a dedicar? Un planteo sobre la estructura económica mendocina”, parte de un diagnóstico conocido: el petróleo mantiene una tendencia declinante, la vitivinicultura enfrenta un escenario internacional más adverso y la minería aparece como la principal actividad con capacidad para compensar esa pérdida de dinamismo.
Sin embargo, el trabajo advierte que centrar el análisis únicamente en esos sectores lleva a conclusiones equivocadas. “El estancamiento mendocino de los últimos quince años no parece explicarse principalmente por esas debilidades propias. La evolución de la provincia ha estado muy vinculada al bajo crecimiento de la economía nacional”, sostiene el informe.
Ese planteo se apoya en la evolución de un indicador que el IERAL utiliza como aproximación de la actividad económica: la masa salarial privada ajustada por inflación. Según el estudio, Mendoza alcanzó uno de sus niveles más altos en 2013 y, desde entonces, mostró una trayectoria muy similar a la del conjunto del país.
La excepción fue Neuquén, cuyo crecimiento estuvo impulsado por el desarrollo de Vaca Muerta. Para el instituto, esa comparación demuestra que la pérdida de dinamismo provincial responde, en gran medida, al contexto macroeconómico argentino y no exclusivamente a problemas estructurales de la economía mendocina.
La minería puede cambiar el escenario, pero no en el corto plazo
El informe también busca moderar las expectativas sobre el desarrollo minero. Si bien reconoce que proyectos como San Jorge o Potasio Río Colorado pueden convertirse en una fuente importante de inversiones, exportaciones y demanda para proveedores locales, aclara que sus tiempos de maduración son incompatibles con la necesidad de una recuperación económica inmediata.
“Los proyectos mineros tienen tiempos largos. Requieren inversión, permisos, infraestructura y aceptación social”, señala el documento, que además recuerda que este tipo de emprendimientos son intensivos en capital y no en mano de obra. En ese sentido, agrega que “la minería puede ser parte de la solución, pero difícilmente sea una respuesta inmediata”. Incluso en el escenario más favorable, estima que los principales proyectos comenzarían a tener un impacto económico recién hacia 2030.
El estudio destaca que la actividad sí puede generar un efecto multiplicador sobre otros sectores de la economía. Según las estimaciones citadas, por cada empleo directo que crea una empresa minera podrían generarse entre tres y cinco puestos de trabajo indirectos vinculados a servicios profesionales, logística, transporte, mantenimiento y proveedores industriales.
También considera posible que, con los proyectos actualmente en carpeta, Mendoza llegue a duplicar sus exportaciones en los próximos años. Sin embargo, aclara que el volumen de empleo directo seguirá siendo considerablemente menor al que históricamente aportaron otras actividades productivas.
No cambiar la matriz productiva, sino hacerla más competitiva
Lejos de proponer un cambio drástico del perfil económico de Mendoza, el IERAL sostiene que la provincia debe construir sobre las fortalezas que ya posee. El informe remarca que la estructura productiva está condicionada por factores que no pueden modificarse rápidamente, como los recursos naturales disponibles, la ubicación geográfica y las características de la sociedad mendocina.
Por eso, considera que el desafío no consiste en reemplazar sectores tradicionales por otros nuevos, sino en hacer más competitivas las actividades existentes y acompañar el desarrollo de las oportunidades emergentes.
En ese marco, plantea que las políticas públicas deberían enfocarse en aspectos sobre los cuales la provincia sí tiene capacidad de decisión. Entre ellos, menciona la reducción de la burocracia para facilitar inversiones, mejoras en infraestructura logística y energética, mayor seguridad, servicios públicos más eficientes y una carga tributaria competitiva.
“El desafío no parece ser reemplazar una estructura por otra, sino aprovechar mejor las ventajas existentes, acompañar nuevas oportunidades y reducir los costos locales que afectan la inversión y la producción”, resume el informe.
Como conclusión, el IERAL sostiene que la minería representa una oportunidad concreta para Mendoza, pero rechaza la idea de que pueda resolver por sí sola los problemas de crecimiento de la provincia.
El documento plantea que la recuperación dependerá, en buena medida, de una mejora sostenida de la economía nacional y de la capacidad local para generar condiciones más favorables para la inversión. Mientras tanto, considera que el desarrollo minero debe entenderse como un proceso de mediano y largo plazo, y no como una respuesta inmediata al actual escenario económico.
Fuente: El Sol – https://www.elsol.com.ar/mendoza/a-que-nos-vamos-a-dedicar-el-informe-que-pone-la-lupa-sobre-la-economia-de-mendoza/


