Abusos a menores: no mirar para otro lado

Tal como ocurre con los casos de violencia de género, los abusos sexuales contra menores vislumbran en el último tiempo un crecimiento en cuanto a sus denuncias. Las explicaciones acerca de estos dos fenómenos también son similares: o hay más casos o bien, como parece realmente ocurrir, las víctimas o sus entornos son más proclives a llevarlos ante la Justicia.
En torno a los abusos a menores, la situación es cruelmente más engorrosa. En la mayoría de las ocasiones las víctimas no logran hacer oír sus voces pues son los propios integrantes de su ámbito íntimo quienes concretan esas conductas abusivas.
Los actores sociales, jurídicos y sanitarios que se enfrentan con esta realidad saben que la prevención es la mejor –quizá la única– manera de evitar las víctimas y las consecuencias dañinas que producen estos comportamientos.
Las sociedades modernas han asumido la defensa de los derechos de las personas y los abusos sexuales son causas evitables de la vulneración de esos derechos. En general, las autoridades han abordado la exigencia de una intervención eficaz para acotar este problema. Pero entre las leyes, los reglamentos, las normas y el día a día de las personas sigue habiendo mucha distancia.
Los responsables, o muchos de ellos, de gestionar los entornos en que se atiende a los niños no tienen ni la preparación ni la disposición específica que requiere la prevención de la violencia sexual contra los menores. En este sentido, por ejemplo, una adecuada educación sexual hacia los menores sería fundamental para evitar estos delitos, pero su implementación práctica en las escuelas cuesta demasiado debido a la oposición de ciertos grupos sociales.
Hoy los responsables del desarrollo infantil son conscientes de que este flagelo existe, pero además tienen que saber que se puede detectar y se debe intervenir. La conciencia de la realidad es el primer paso para actuar, pero a esa disposición hay que añadir una decidida intervención de los agentes gubernamentales y otros actores comunitarios para facilitar recursos y formación. No se debe mirar para otro lado.